El FMI regresa a la Argentina y pone bajo la lupa las cuentas públicas, las reservas y el rumbo cambiario
La evaluación del organismo será una nueva prueba para la estrategia económica oficial y para su capacidad de sostener simultáneamente el equilibrio fiscal, la acumulación de reservas y las condiciones necesarias para apuntalar la actividad.

Una nueva misión técnica del organismo comenzará el lunes 21 de septiembre la tercera revisión del acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. El frente fiscal aparece como uno de los principales desafíos, mientras que la acumulación de divisas muestra resultados superiores a los objetivos fijados para 2026.
El Fondo Monetario Internacional volverá a enviar técnicos a la Argentina para evaluar el grado de cumplimiento de las metas acordadas con la administración de Javier Milei.
La misión comenzará el próximo lunes 21 de septiembre y tendrá como eje la tercera revisión del programa, en un contexto marcado por vencimientos de deuda y por la necesidad del Gobierno de sostener el equilibrio de las cuentas públicas.
La llegada de los funcionarios del organismo se producirá apenas cuatro días antes de un vencimiento de aproximadamente 803 millones de dólares previsto para el 25 de septiembre.
A ese compromiso se sumarán otros pagos estimados en 840 millones de dólares en noviembre y 344 millones en diciembre, lo que mantiene las obligaciones con el Fondo como un componente relevante de la agenda financiera oficial.
La revisión abarcará tres áreas centrales: resultado fiscal, acumulación de reservas y política cambiaria. En materia de divisas, el Gobierno llega al examen con números que, según los datos disponibles, superan las metas establecidas. El Banco Central habría comprado más de 14.200 millones de dólares durante 2026, frente al objetivo anual de 10.000 millones.
Una situación similar se observa en la acumulación de reservas netas. El programa contempla alcanzar unos 8.000 millones de dólares durante el año, mientras que estimaciones de la consultora Analytica ubican el incremento acumulado en torno de los 9.000 millones.
Estos resultados constituyen uno de los puntos que el Ejecutivo podrá exhibir ante el organismo como evidencia del cumplimiento de los compromisos cambiarios.
El escenario es menos holgado cuando se analiza el frente fiscal. El acuerdo con el FMI establece para 2026 una meta de superávit primario equivalente al 1,4% del PBI. Durante el primer semestre, el resultado alcanzó el 0,6%, ligeramente por debajo del 0,7% previsto para ese período.
La menor recaudación aparece como uno de los factores que complicaron el cumplimiento de las metas. Entre las razones mencionadas se encuentran la demora en la presentación de las declaraciones juradas de Ganancias de personas humanas, la reducción de determinados impuestos y un nivel de actividad económica que impactó sobre los ingresos del Estado.
Para sostener el resultado fiscal, el Gobierno asumió una serie de compromisos durante la segunda revisión del programa. Entre ellos se encuentra el aplazamiento de la implementación del Fondo de Asistencia Laboral hasta el 1° de noviembre, medidas destinadas a incrementar la recaudación de determinados tributos y una mayor focalización de los subsidios destinados al transporte.
La nueva evaluación del FMI llegará, además, luego de la visita que realizó a la Argentina su directora gerente, Kristalina Georgieva, a fines de julio.
Durante aquella visita, la titular del organismo planteó que el crecimiento de sectores como petróleo, gas y minería debería generar efectos sobre otras ramas de la economía, entre ellas la construcción, la logística y los servicios.
Georgieva también puso sobre la mesa otros desafíos estructurales: la necesidad de avanzar en infraestructura, ampliar el acceso al crédito y profundizar el desarrollo del mercado de capitales.
El planteo excede así la discusión estrictamente fiscal y cambiaria y coloca el foco en la capacidad de la economía argentina para transformar la estabilidad macroeconómica en un crecimiento más amplio.
La tercera revisión encuentra al Gobierno con una situación dispar: mientras los indicadores vinculados con compras de divisas y reservas aparecen por encima de las metas previstas, el resultado fiscal exige mayores esfuerzos para alcanzar el objetivo anual.
