Trump y Zelenski convirtieron el funeral de Francisco en su teatro político
Es doloroso admitirlo, pero Francisco se despidió de un mundo que, en gran parte, no entendió su mensaje. El mismo mundo que prefiere el show vacío a la compasión, y el ruido político a la fraternidad verdadera.

La despedida del papa Francisco debía ser un momento de dolor sereno, de homenaje silencioso a quien entregó su vida por los pobres, la paz y la dignidad humana. Pero dos presidentes, Donald Trump y Volodímir Zelenski, no pudieron resistir la tentación de robarse el foco.
Apenas minutos antes del funeral, montaron su propio acto político privado en Roma, confirmando que para algunos líderes el espectáculo importa más que el respeto.
La «reunión privada» entre Trump y Zelenski, apresurada y teatralizada, duró apenas diez minutos. Tiempo suficiente para convertir el adiós de Francisco en el primer acto de su siguiente campaña política. Las declaraciones posteriores fueron tan previsibles como vacías: un “buen encuentro”, “esperamos resultados”, “gracias Donald Trump”, escribió Zelenski en su cuenta de X, mientras Trump, fiel a su estilo, dejó que su portavoz vendiera la escena como un avance en la paz mundial.
El funeral de un Papa que denunció la lógica del mercado, la guerra y la ambición desmedida quedó así reducido a un telón de fondo para dos líderes atrapados en su propia necesidad de protagonismo. Ni la muerte de Francisco ni su legado de humildad lograron frenar el cinismo de quienes consideran que cualquier lugar —incluso el atrio de San Pedro— puede ser escenario de marketing personal.
Trump, siempre obsesionado con su imagen, encontró la excusa perfecta para proyectarse como un «hombre de Estado» en plena campaña presidencial. Zelenski, que necesita desesperadamente no quedar aislado, vendió la foto como un hito potencial «histórico». La palabra «histórico» se usa con ligereza en tiempos de propaganda: aquí solo fue la confirmación de una falta absoluta de pudor.
Mientras millones de fieles lloraban al papa de la fraternidad, Trump y Zelenski jugaban a la diplomacia relámpago, demostrando que el oportunismo político no respeta ni siquiera a la muerte. La ceremonia que debía centrarse en la figura de un hombre que pidió a gritos «detener la locura de la guerra» fue parasitada sin vergüenza.
