Tras más de 50 años de actividad, Panpack cerró sus puertas y dejó decenas de trabajadores sin empleo
También refleja las dificultades que atraviesa una parte importante de la industria manufacturera argentina, golpeada por la retracción del mercado interno, la creciente competencia de productos importados y un contexto económico que pone en jaque la sostenibilidad de numerosas fábricas.

El cierre definitivo de Panpack S.A. no solo marca el final de una empresa con más de medio siglo de trayectoria en Tucumán.
La firma, reconocida por la producción de bolsas industriales para el sector agropecuario y cuerdas, cesó sus operaciones en su planta de Los Nogales y desvinculó a la totalidad de los trabajadores que aún permanecían en actividad. La decisión dejó a más de 75 familias sin su principal fuente de ingresos y generó preocupación en una región donde la empresa ocupaba un lugar estratégico dentro de la cadena productiva vinculada al agro y la industria azucarera.
Aunque el desenlace sorprendió a parte del personal, la crisis venía desarrollándose desde hacía meses. La compañía había iniciado un proceso de ajuste durante 2025, con reducción de puestos laborales, suspensión de actividades en distintas áreas e incluso la apertura de un concurso preventivo de acreedores como último intento para evitar la quiebra.
El cierre quedó al descubierto cuando varios operarios acudieron a cumplir con sus tareas habituales y encontraron las instalaciones cerradas, sin energía eléctrica y bajo custodia de personal de seguridad. Según relataron trabajadores, existían rumores sobre la inminente paralización de la planta, pero hasta ese momento no habían recibido una comunicación formal que confirmara la decisión empresarial.
Más allá del caso puntual, la desaparición de Panpack expone una problemática más amplia que afecta al entramado productivo nacional. La empresa había advertido reiteradamente sobre la pérdida de competitividad derivada de la caída de la demanda y del avance de productos importados que comenzaron a ganar participación en el mercado local. En ese escenario, sostener los niveles de producción se volvió cada vez más difícil.
Los propios trabajadores fueron testigos de ese deterioro. Quienes durante años vieron salir diariamente camiones cargados con producción destinada a distintos puntos del país comenzaron a convivir con una planta semivacía, menores niveles de actividad y una reducción progresiva de pedidos.
Durante décadas, Panpack fue un proveedor clave para la industria azucarera y para distintos segmentos del sector agropecuario. Sus bolsas de rafia y lona abastecían a ingenios y productores de diversas economías regionales, consolidando una posición relevante dentro del entramado industrial tucumano. En sus momentos de mayor expansión llegó a emplear alrededor de 300 trabajadores y se convirtió en una de las firmas emblemáticas de la provincia.
Sin embargo, ni su arraigo productivo ni su trayectoria lograron garantizar la continuidad de la actividad. La empresa incluso había advertido meses atrás que enfrentaba dificultades para asegurar el abastecimiento de bolsas destinadas a la zafra azucarera, una señal que anticipaba la gravedad de la situación financiera.
El cierre definitivo también pone de relieve el impacto social de la crisis industrial. Detrás de cada puesto perdido aparecen familias que dependen de esos ingresos y comunidades que ven reducida su actividad económica. En localidades donde la industria representa uno de los principales motores de empleo formal, la desaparición de una fábrica suele generar efectos que trascienden los límites de la propia empresa.
La historia de Panpack resulta particularmente significativa porque se trata de una compañía que había logrado atravesar momentos críticos de la economía argentina, incluida la crisis de 2001. Sin embargo, no pudo sostenerse frente a un escenario marcado por la caída del consumo, la presión de la competencia externa y la disminución de la rentabilidad productiva.
Su cierre se suma a una serie de dificultades que afectan a distintos sectores manufactureros del país y alimenta el debate sobre el futuro de la industria nacional. Mientras empresarios, sindicatos y especialistas discuten las condiciones necesarias para recuperar la producción y preservar el empleo, la baja definitiva de Panpack deja una señal de alerta sobre el deterioro de las economías regionales y la pérdida de capacidad industrial en sectores históricamente vinculados al desarrollo productivo argentino.
