30 de agosto de 2026

Se apaga la industria textil: solo funciona el 40% de las máquinas y miles de empleos destruidos

Con fábricas funcionando a poco más de un tercio de su capacidad, miles de empleos destruidos y empresas que cierran sus puertas, el sector se consolidó como uno de los principales damnificados del modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei.

La industria textil argentina atraviesa una crisis de magnitud que expone las consecuencias de la combinación entre la caída del mercado interno, la flexibilización de las importaciones y la pérdida de herramientas de protección para la producción nacional.

Un informe de la Fundación Protejer revela un deterioro sostenido de la actividad productiva durante los primeros meses de 2026. Los números muestran una industria que no logra encontrar un piso para su caída: en abril, la producción textil retrocedió 23% respecto al mismo mes del año anterior y más del 30% en comparación con 2024. La tendencia también se refleja en el acumulado del primer cuatrimestre, donde la actividad se ubicó muy por debajo de los niveles registrados en los últimos años.

Detrás de estas cifras aparece un dato que sintetiza la profundidad de la crisis: las fábricas están trabajando con gran parte de sus instalaciones paralizadas. Durante abril, el uso de la capacidad instalada apenas superó el 42%, mientras que el promedio de los primeros cuatro meses del año se ubicó por debajo del 37%. En términos concretos, significa que más de seis de cada diez máquinas permanecieron detenidas, una situación que solo encuentra antecedentes comparables en los momentos más críticos de la pandemia.

La falta de demanda interna se convirtió en uno de los principales factores que explican este escenario. Con consumidores que priorizan gastos esenciales y salarios que continúan perdiendo capacidad de compra, las empresas del sector se vieron obligadas a moderar sus aumentos de precios para intentar sostener ventas. Paradójicamente, la indumentaria y el calzado se transformaron en los rubros que menos incrementaron sus valores dentro de la economía, muy por debajo de la inflación acumulada.

Mientras los precios generales continuaron avanzando, las empresas textiles resignaron márgenes de rentabilidad para evitar una caída aún mayor del consumo. Sin embargo, la estrategia no alcanzó para revertir la retracción del mercado ni para compensar el aumento de costos operativos, generando una creciente presión financiera sobre fabricantes y comerciantes.

El impacto más visible de esta situación se observa en el empleo. Según el relevamiento, el complejo textil, de confecciones, cuero y calzado lidera la destrucción de puestos de trabajo registrados en la economía argentina desde diciembre de 2023. En poco más de dos años, el sector perdió una quinta parte de su planta laboral formal, lo que equivale a más de 24.000 empleos directos eliminados.

La crisis no solo golpea a los trabajadores. También afecta al entramado productivo construido durante décadas. Cerca de 900 empresas dejaron de operar en ese período, reflejando una pérdida significativa de capacidad industrial y una creciente concentración de la actividad en menos actores económicos.

Desde distintos sectores vinculados a la producción atribuyen este escenario a una combinación de factores. Entre ellos destacan la apertura de importaciones, el ingreso masivo de productos comercializados a través de plataformas internacionales, la competencia de mercadería que ingresa por canales informales y la ausencia de políticas destinadas a proteger a las industrias intensivas en mano de obra.

La situación plantea además un debate de fondo sobre el rumbo económico. Mientras el Gobierno defiende la apertura comercial como una herramienta para reducir precios y aumentar la competencia, empresarios y trabajadores sostienen que el costo de esa estrategia está siendo absorbido por la producción nacional, que enfrenta condiciones desiguales frente a competidores externos con escalas, costos y regímenes impositivos muy diferentes.

Con niveles históricamente bajos de actividad, una fuerte reducción del empleo y márgenes de rentabilidad cada vez más estrechos, la industria textil enfrenta un escenario que muchos describen como decisivo. El desafío ya no pasa únicamente por recuperar ventas, sino por evitar una pérdida estructural de capacidades productivas que podría tener consecuencias duraderas sobre el empleo industrial y el desarrollo económico del país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *