Informe de la UBA: en la era Milei se perdieron 241.000 puestos privados y un salario mínimo 40,5% más bajo
El deterioro del mercado laboral registrado no muestra señales claras de reversión. Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA señala que el empleo asalariado formal privado acumula una caída de 3,8% desde noviembre de 2023, mientras el salario mínimo perdió 40,5% de su poder adquisitivo. Industria, Comercio y Construcción aparecen entre los sectores más afectados.

El mercado laboral formal continúa exhibiendo uno de los costos más visibles del proceso de ajuste económico iniciado con la llegada de Javier Milei al Gobierno.
Según un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), desde noviembre de 2023 se destruyeron 241.000 empleos asalariados formales del sector privado, mientras el salario mínimo acumuló una pérdida de 40,5% de su capacidad adquisitiva.
El relevamiento, elaborado a partir de información del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), permite observar que la contracción del empleo registrado no se limita a un episodio puntual, sino que forma parte de una tendencia prolongada.
En mayo de 2026, el sector privado volvió a reducir su dotación de trabajadores registrados: se perdieron otros 9.100 puestos, equivalente a una caída mensual del 0,1%. Aunque el retroceso fue menor al registrado en abril —cuando desaparecieron unos 12.000 empleos—, el dato adquiere otra dimensión al observar la continuidad de la tendencia: se trata del duodécimo mes consecutivo de caída, una secuencia que comenzó en junio de 2025.
El resultado es un universo de aproximadamente 6,13 millones de trabajadores asalariados formales privados, una cifra comparable con la registrada en julio de 2016 y 4,3% inferior al máximo alcanzado en agosto de 2023. Para los investigadores Roxana Maurizio y Luis Beccaria, el proceso configura una suerte de “década perdida” del empleo formal privado, en un contexto donde la recuperación de la actividad económica todavía no consigue traducirse en una expansión sostenida del trabajo registrado.
Industria y Comercio, en el centro del retroceso
La destrucción de puestos tampoco se distribuye de manera uniforme entre las distintas actividades. Industria y Comercio concentran buena parte del deterioro, convirtiéndose en dos de los principales indicadores para evaluar el impacto del actual esquema económico sobre el empleo.
La industria arrastra una trayectoria especialmente negativa. Desde septiembre de 2023 registra caídas prácticamente ininterrumpidas y acumuló variaciones negativas en 30 de los últimos 33 meses, con una pérdida cercana a 90.000 puestos de trabajo.
El Comercio, por su parte, comenzó a revertir su anterior crecimiento en junio de 2025 y desde entonces acumula doce meses consecutivos de reducción del empleo.
La Construcción tampoco logra despegar. En mayo registró una contracción de 0,5%, la mayor caída mensual desde marzo de 2025. Su nivel de empleo continúa entre los más bajos de toda la serie iniciada en 2009, superando solamente los registros correspondientes a la pandemia y a las fases contractivas de 2024 y 2025.
La Minería aparece como una excepción parcial: creció 0,3% en mayo después de haber retrocedido en abril. Sin embargo, el balance interanual continúa siendo negativo, con una disminución del 3,9%.
Las pequeñas empresas también sienten el ajuste
El deterioro atraviesa además a empresas de distintos tamaños. Las firmas pequeñas redujeron su cantidad de trabajadores un 0,4%, mientras que las grandes registraron una baja del 0,1%. Las medianas fueron la excepción mensual, con un crecimiento de apenas 0,1%.
La comparación interanual vuelve a mostrar un panorama más homogéneo: el empleo cayó 1,9% en las empresas pequeñas, 1,5% en las grandes y 0,6% en las medianas.
El dato resulta relevante porque cuestiona la idea de que la contracción laboral estaría concentrada exclusivamente en determinados sectores o tipos de empresas. La pérdida de empleo registrado aparece, con distinta intensidad, en buena parte del entramado productivo.
Un mapa laboral desigual entre las provincias
El retroceso tampoco tuvo el mismo impacto territorial. Durante mayo, el empleo privado cayó en 11 provincias, aumentó en 10 y permaneció sin cambios en otras tres.
Tierra del Fuego registró la mayor caída porcentual, con 1,2%, seguida por Santa Cruz, con 0,6%, y Chaco, con 0,5%.
En el otro extremo, San Juan, Catamarca y Neuquén registraron aumentos de 0,5%. Neuquén sobresale por acumular nueve meses consecutivos de crecimiento desde septiembre de 2025 y, junto con San Juan y Río Negro, se encuentra entre las pocas jurisdicciones cuyo nivel de empleo privado supera al de noviembre de 2023.
El salario mínimo, otro indicador del deterioro
A la destrucción de empleo se suma un segundo dato de fuerte impacto social: el salario mínimo perdió 40,5% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023.
La caída implica que, aun entre quienes conservan un puesto formal, el nivel de ingresos mínimos sufrió un deterioro considerable frente a la evolución de los precios. El problema excede así la cantidad de puestos de trabajo: también involucra la capacidad del salario para sostener el consumo y cubrir las necesidades básicas.
El sector público tampoco quedó al margen. En mayo contabilizó alrededor de 3,4 millones de puestos, un 2,3% menos que en noviembre de 2023. En tanto, el empleo en casas particulares se ubicó en 448.000 trabajadoras, un nivel similar al de marzo de 2016 y 10,4% inferior al máximo histórico registrado en octubre de 2019.
Los datos de la UBA plantean, en definitiva, una pregunta que excede la discusión sobre una recuperación puntual de la actividad: si el crecimiento económico no logra traducirse en más empleo formal y mejores ingresos, ¿hasta qué punto puede considerarse que la estabilización macroeconómica está llegando a la economía cotidiana de los trabajadores?
El balance laboral de la era Milei, según este informe, presenta una contradicción central: mientras el Gobierno sostiene que el orden macroeconómico constituye la condición necesaria para una futura expansión, el mercado de trabajo todavía exhibe una reducción persistente del empleo registrado y una fuerte pérdida del poder de compra del salario mínimo.
