Trabajo esclavo: rescatan a 18 personas, incluidos niños, de un taller clandestino en Monte Castro
Más allá del impacto judicial del caso, el episodio refleja una problemática estructural donde el trabajo informal y las condiciones de semiesclavitud siguen formando parte de circuitos productivos que permanecen ocultos detrás de paredes anónimas en barrios urbanos.

Detrás de la fachada de una vivienda común del barrio porteño de Monte Castro funcionaba una estructura de explotación laboral extrema que dejó al descubierto una realidad persistente y muchas veces invisibilizada en la industria textil.
La Policía de la Ciudad rescató a 18 personas —entre ellas siete menores de edad— que vivían y trabajaban en condiciones inhumanas dentro de un taller clandestino ubicado en la esquina de Bahía Blanca y Arregui.
Según la investigación judicial, las víctimas permanecían hacinadas, bajo un régimen de control permanente y sin posibilidad de salir libremente del inmueble, ya que no contaban con llaves de acceso. Varias de ellas eran migrantes en situación de vulnerabilidad económica y social, un perfil frecuentemente captado por redes de explotación que se sostienen gracias a la precarización laboral y la falta de controles efectivos.
Uno de los aspectos más alarmantes detectados durante el allanamiento fue la utilización del sistema de “cama caliente”, una modalidad asociada históricamente al trabajo esclavo en talleres textiles clandestinos. Los trabajadores se alternaban en las mismas camas para descansar apenas unas horas antes de volver a jornadas laborales extenuantes, en un esquema donde la producción parece tener más valor que la vida y la dignidad humana.
El operativo fue ordenado por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 11, con intervención del juez subrogante Ariel Lijo, y permitió identificar a once adultos y siete menores sometidos a condiciones de extrema precariedad. Tras el rescate, organismos estatales brindaron asistencia psicológica, contención social y alojamiento transitorio para las víctimas.
El caso vuelve a poner en debate el funcionamiento de una parte de la economía informal que, pese a los antecedentes y a las reiteradas denuncias, continúa operando en distintos puntos de la Ciudad y el conurbano. Talleres clandestinos como este suelen abastecer cadenas de producción y comercialización que terminan insertándose en el mercado formal, muchas veces con escasos controles sobre el origen de la mercadería y las condiciones de trabajo.
También expone las limitaciones del Estado para prevenir este tipo de delitos. Aunque los operativos permiten rescatar víctimas y visibilizar la problemática, organizaciones sociales y especialistas advierten que las redes de explotación laboral se reproducen al calor de la pobreza, la migración precarizada y la necesidad urgente de empleo.
La presencia de menores dentro del taller agrega además un componente especialmente grave: niños y adolescentes creciendo en contextos de encierro, explotación y vulneración sistemática de derechos básicos.
