Sánchez llega en modo solitario a la cumbre de la OTAN
Pedro Sánchez ha llegado este martes a Ankara para asistir a la reunión anual de la OTAN en una de las etapas más complejas de su gobierno. Viaja sin la presencia de su esposa, Begoña Gómez, a quien el juez que sustituye a Juan Carlos Peinado le ha impedido salir del país al tenerle retirado el pasaporte. La decisión judicial se suma al clima de tirantez con Donald Trump por el nivel de inversión en Defensa y el acceso a las bases militares españolas.

El juez consideró que la invitación a Gómez obedecía únicamente a “motivos de protocolo institucional” y que no desempeña un papel activo en el evento, por lo que denegó su viaje a Ankara, aunque sí autorizó su desplazamiento a Londres para asistir a la graduación de una de sus hijas. Gómez llevaba dos años sin participar en la cita anual de la Alianza: faltó tanto a la cumbre de La Haya en 2025 como a la de Washington en 2024.
Los datos que España presenta en la cumbre El Ejecutivo afronta el encuentro apoyándose en cifras más que en discursos. Según fuentes gubernamentales, España ha logrado ya el 2% del PIB en gasto militar y ha cubierto los objetivos de capacidades previstos para 2025, colocándose en el séptimo puesto entre los 32 miembros de la OTAN según el análisis del Comité de Política y Planificación de la Defensa. Además, el país es el tercero en personal desplegado sobre el el terreno, el segundo en contribución naval y el cuarto en recursos aéreos.
El presupuesto de Defensa español ha ascendido a 35.419 millones de euros, lo que representa el sexto mayor incremento dentro de la Alianza en los últimos ocho años, con un 44% dedicado a tecnología avanzada. Los únicos países que aún no alcanzan el 2% son República Checa, Albania y Eslovenia.
El principal punto de desacuerdo sigue siendo otro: en la cumbre de La Haya del año pasado, España fue la única nación que se negó a asumir el compromiso de elevar el gasto militar al 5% del PIB para 2035. El Gobierno calcula que ese objetivo implicaría un desembolso extra de 780.000 millones de euros hasta esa fecha, y defiende que el debate sobre el porcentaje oculta las contribuciones reales de cada aliado.
El panorama que le espera en Ankara La postura española contra el 5% no ha caído en el olvido. Trump acusó entonces a Sánchez de aprovecharse del esfuerzo del resto de socios y llegó a amenazar con imponer aranceles específicos a España; ahora suma un nuevo motivo de queja: la negativa del Ejecutivo a permitir el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas al conflicto con Irán. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha reiterado que España no cederá esas instalaciones para misiones que no estén respaldadas por el derecho internacional.
A la fricción con Estados Unidos se une el alejamiento de Europa. El mes pasado, el canciller alemán organizó en Berlín una reunión reducida para alinear posturas antes de la cumbre, a la que asistieron Francia, Reino Unido, Italia, Polonia y el propio secretario general de la OTAN, Mark Rutte. España no fue invitada, un hecho que diversos analistas interpretan como una muestra de la pérdida de influencia española en los espacios donde se está diseñando el futuro de la seguridad europea.
La cumbre de Ankara tiene lugar, además, en un contexto marcado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y por el debilitamiento de las relaciones transatlánticas, con Washington insistiendo en que Europa asuma una mayor responsabilidad en su propia defensa.
Rutte espera que el encuentro sirva para convertir los compromisos políticos de los últimos meses en un aumento concreto de capacidades militares, mayor producción industrial y un respaldo continuado a Ucrania. Para Sánchez, ese mensaje de unidad llega en un momento especialmente incómodo.
