Casi la mitad de los hogares recurre a ahorros o deudas para sobrevivir: el endeudamiento de subsistencia creció 118%
El deterioro de los ingresos familiares vuelve a quedar expuesto por fuera de las cifras oficiales y de los discursos sobre la recuperación económica. Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) señala que el 47,7% de los hogares argentinos tuvo que recurrir durante el primer trimestre de 2026 a ahorros, endeudamiento o venta de bienes para afrontar gastos básicos. El dato revela que, para una parte significativa de la población, llegar a fin de mes dejó de depender exclusivamente del salario.

La situación adquiere mayor gravedad entre los hogares de ingresos medios, donde el 51,9% no consiguió cubrir sus gastos mensuales con sus ingresos laborales. Es precisamente este sector, tradicionalmente asociado con una mayor estabilidad económica, el que aparece cada vez más expuesto al deterioro del poder adquisitivo.
Según el relevamiento, el 36,1% de los hogares tuvo que utilizar sus ahorros para sostener el consumo cotidiano. Se trata del registro más elevado de la última década, con la excepción de 2024. En términos absolutos, unas 3.690.760 familias, que reúnen alrededor de 11,1 millones de personas, debieron echar mano de recursos acumulados. La cifra representa un aumento del 18,1% frente al primer trimestre de 2023.
Pero el dato que genera mayor preocupación es la expansión del endeudamiento utilizado no para invertir o comprar bienes durables, sino simplemente para cubrir necesidades corrientes. Alrededor de 2,5 millones de hogares recurrieron al crédito como mecanismo de supervivencia económica, en una señal de que los ingresos corrientes resultan insuficientes para sostener los gastos habituales.
El endeudamiento informal alcanzó a 1.051.890 hogares de manera exclusiva. Si se incluyen todas las familias que recurrieron a conocidos, incluso aquellas que también utilizaron financiamiento bancario, el universo asciende al 16,2%, equivalente a 1.655.833 hogares. Este mecanismo registró un incremento del 17,3% respecto del primer trimestre de 2023.
El crédito bancario también mostró una expansión considerable. Un total de 901.860 hogares se endeudó exclusivamente con entidades financieras, mientras que al considerar todas las familias que utilizaron este tipo de financiamiento, la cifra alcanza al 14,8%, unas 1.505.803 familias. En comparación con 2023, el indicador aumentó 55,9%.
Sin embargo, la señal más contundente de vulnerabilidad aparece en los hogares que debieron recurrir simultáneamente a ambos tipos de endeudamiento. Unas 603.943 familias se encuentran en esta situación, lo que implica un incremento del 117,9% en tres años. Desde 2023, otras 326.810 familias se incorporaron a esta condición, en la que el crédito deja de funcionar como una herramienta ocasional y pasa a convertirse en un recurso indispensable para cubrir necesidades básicas.
La pérdida de patrimonio también aparece como una estrategia de emergencia. Casi un millón de hogares —999.291, equivalente al 9,8% del total— tuvo que vender pertenencias para afrontar sus gastos. Esta modalidad aumentó 35,4% respecto de comienzos de 2023, mostrando que algunas familias ya no cuentan siquiera con ahorros suficientes y deben desprenderse de bienes para sostener el consumo.
La presión alcanza con particular fuerza a los sectores medios. Más de la mitad de estos hogares no consigue cubrir sus obligaciones con sus salarios. El 40,3% recurre a sus ahorros, mientras que el 18,8% utiliza financiamiento bancario, el porcentaje más elevado entre los distintos niveles de ingreso. En los hogares de menores recursos, en cambio, predomina el recurso a familiares, amigos o conocidos: el 20,4% recurre a esta vía informal.
El trasfondo del fenómeno está vinculado con la pérdida del poder de compra. El informe del IAG estima que el salario real del sector privado registrado se encuentra 5,4% por debajo del nivel de 2023. El deterioro es aún mayor entre los trabajadores públicos: los salarios provinciales retrocedieron 14,8%, mientras que los ingresos de los empleados públicos nacionales acumularon una pérdida real del 38,2%.
Los números plantean así una contradicción relevante frente al relato de una recuperación económica sostenida. Aunque determinados indicadores macroeconómicos puedan mostrar señales de estabilización, la necesidad de utilizar ahorros, endeudarse o vender bienes para financiar gastos cotidianos evidencia que una parte importante de los hogares todavía no percibe esa mejora en sus ingresos.
El problema, por lo tanto, no se limita a cuánto crece la economía, sino a cómo se distribuye ese crecimiento y qué capacidad tienen los salarios para sostener las condiciones de vida. Si el endeudamiento destinado a subsistir continúa aumentando al ritmo observado, la aparente estabilidad puede estar trasladando hacia el futuro un costo social cada vez mayor: hogares con menos ahorro, más deuda y menor capacidad para enfrentar nuevos aumentos de precios o una eventual crisis de ingresos.
