6 de julio de 2026

Roma desbordada: El mundo llora a Francisco mientras se abre las operaciones para su sucesión

Desde una Italia paralizada por la sorpresa y la conmoción, la muerte del papa Francisco no solo sacudió a los fieles, sino que dejó en evidencia el enorme vacío político y espiritual que deja uno de los líderes más disruptivos de la historia reciente de la Iglesia. El funeral aún no se ha celebrado y ya se activó una feroz interna por su sucesión.

La corresponsal de C5N en el Vaticano, Pamela Franchescato, relató en la madrugada de este martes que la ciudad de Roma ya está colapsada: “No se consiguen pasajes de avión. Vienen líderes mundiales, pero también fieles de toda Europa y del mundo entero.

Esto demuestra cuán amado fue Francisco”. El fenómeno, más allá de lo logístico, confirma que el Papa argentino se convirtió en una figura universal, incluso más allá de las fronteras del catolicismo.

El final de un pontificado revolucionario

Según explicó la cronista, este miércoles se iniciará el traslado del cuerpo hacia la Basílica de San Pedro, donde los fieles podrán despedirse del Papa. El funeral, siguiendo el protocolo vaticano, se realizará entre el viernes y el domingo, entre el cuarto y el sexto día desde su muerte.

Mientras tanto, ya comenzó oficialmente el período conocido como Sede Vacante, el interregno entre el fallecimiento de un Papa y la elección de su sucesor. Pero, en esta ocasión, lo que se espera no es solo una elección, sino una verdadera disputa ideológica dentro de la estructura más antigua del cristianismo.

La puja por el futuro de la Iglesia

Franchescato fue tajante al describir el clima político en Roma: “Ya empezaron las operetas para el nombramiento del sucesor de Francisco”. Mencionó que hay fuertes movimientos para que el próximo Papa sea italiano, algo que no ocurre desde Juan Pablo I, en 1978. El nombre que más suena es el del cardenal Pietro Parolin, actual Secretario de Estado del Vaticano, figura influyente en el aparato institucional. Le siguen Matteo Zuppi, cercano a Francisco y activo en misiones de paz, y Pierbattista Pizzaballa, patriarca de Jerusalén.

Pero la tensión no es solo por nacionalidades. Es también ideológica. Francisco fue un Papa incómodo para muchos sectores del poder, tanto eclesiásticos como políticos. “En un momento en que Europa aumenta su presupuesto militar, él hablaba de desarme. Era un líder incómodo para el poder”, afirmó Franchescato, remarcando que el perfil transformador del pontífice argentino podría no tener continuidad.

¿Fin de la revolución bergogliana?

Francisco nombró a muchos de los cardenales que ahora integran el cónclave, pero, según los analistas, la mayoría de ellos no forman parte de redes de poder consolidadas. La interna eclesial se presenta, por lo tanto, como una contienda abierta entre el ala conservadora y quienes buscan mantener vivo el impulso reformista iniciado en 2013.

“No creo que haya otro Papa revolucionario”, advirtió la corresponsal. Y esa frase, pronunciada con la emoción a flor de piel de una jornada histórica, condensa un temor silencioso que recorre a miles de fieles en todo el mundo: que la muerte de Francisco no solo cierre un pontificado, sino una etapa de apertura, diálogo y sensibilidad social que difícilmente tenga igual.

Con el mundo en vigilia, la Iglesia enfrenta una de las decisiones más trascendentales de su historia reciente. El futuro está en juego, y el legado de Francisco, más vivo que nunca.

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