22 de junio de 2026

Radiografía social del INDEC: el 70% de los argentinos percibe ingresos por debajo del umbral de la canasta básica

Los datos del INDEC no solo describen una coyuntura adversa, sino que ponen en evidencia un problema estructural: la pérdida de capacidad del mercado laboral para funcionar como mecanismo de integración social. La persistencia de bajos ingresos, alta informalidad y desigualdades sostenidas configura un escenario donde el crecimiento económico, de existir, no necesariamente se traduce en mejora distributiva.

El último informe del INDEC ofrece una imagen preocupante del mercado laboral argentino: lejos de ser un resguardo frente a la pobreza, el empleo aparece cada vez más como una condición insuficiente para garantizar condiciones de vida básicas.

Según los datos correspondientes al cuarto trimestre de 2025, una amplia mayoría de la población percibe ingresos por debajo de los $850.000, consolidando el fenómeno de los trabajadores pobres.

El dato estructural es contundente: la mediana salarial se ubicó en $800.000, lo que implica que la mitad de los ocupados no logra superar ese nivel de ingresos. Esta cifra adquiere mayor gravedad al contrastarse con el costo de vida, evidenciando una desconexión creciente entre salarios y necesidades básicas. Al ampliar el análisis a toda la población con ingresos, los sectores de menores recursos —que abarcan los primeros cuatro deciles— registran un promedio de apenas $351.028, profundizando la segmentación social.

Si bien el ingreso promedio general asciende a poco más de un millón de pesos, este número oculta fuertes disparidades internas. Los trabajadores formales alcanzan niveles significativamente más altos, mientras que quienes se desempeñan en la informalidad perciben casi la mitad, revelando una estructura laboral dual que reproduce desigualdades.

A esta fragmentación se suma la persistente brecha de género: los varones continúan concentrando ingresos superiores, mientras que las mujeres quedan rezagadas, reflejando desigualdades estructurales que trascienden coyunturas económicas.

El informe también muestra que la desigualdad, medida a través del coeficiente de Gini, se mantiene prácticamente sin cambios, lo que sugiere una estabilidad en niveles elevados de inequidad. En paralelo, los valores de la canasta básica refuerzan el diagnóstico: una familia tipo necesita ingresos considerablemente superiores a los que percibe la mayoría para no caer en la pobreza.

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