Pequeña reseña de la historia de la desindustrialización argentina: del Proceso militar al modelo actual
La desindustrialización no es nueva en la Argentina. El primer gran golpe al entramado productivo comenzó con la dictadura de 1976, que implementó un plan de apertura comercial, reducción arancelaria y liberalización financiera.

Entre 1976 y 1983, miles de pymes cerraron, y el empleo industrial cayó más de un 20%. La industria nacional perdió mercados ante productos importados y quedó atada a un endeudamiento que favoreció la especulación y la fuga de divisas.
En los años 90, con la convertibilidad de Menem y Cavallo, se profundizó el mismo esquema: dólar barato, ingreso masivo de importaciones, privatizaciones y un proceso de “terciarización” de la economía. En ese período, si bien hubo cierta modernización tecnológica en sectores puntuales, la capacidad fabril general volvió a deteriorarse, y la Argentina perdió aún más peso industrial dentro de su PBI.
El rebote posterior al 2003, gracias a políticas de sustitución de importaciones y estímulo a la industria nacional, logró recuperar capacidad productiva y empleo fabril, aunque con desigualdades y cuellos de botella. Sin embargo, a partir de 2011 comenzó otra tendencia descendente, vinculada a problemas de competitividad, inflación, cuellos de financiamiento, caída de la demanda externa y conflictos de divisas.
El salto devaluatorio de 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri, sumado al acuerdo con el FMI, agravó el proceso de contracción industrial. El impacto de la pandemia en 2020 pegó de lleno en las fábricas, aunque en 2021 y 2022 hubo una recuperación parcial.
Hoy, con la combinación de recesión, ajuste del gasto público, reducción de subsidios y apertura comercial sin resguardos, la industria nacional vive otro capítulo de destrucción de empleo, cierre de plantas y pérdida de cadenas de valor.
Esto alimenta la pobreza estructural y la informalidad, y golpea especialmente a regiones donde la industria es el motor económico y social, como el conurbano bonaerense, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y parte de Mendoza.
Ejemplos de conflictos recientes:
►Mondelez (Pacheco): la multinacional de alimentos pidió revisar convenios colectivos y amenazó con recortes por la caída de ventas y el ingreso de productos importados.
►Papelera Tucumán: suspensiones masivas y posible cierre de turnos por sobrestock de importados.
►Topper Argentina (Tucumán): suspensiones y reducción de personal en su planta de calzado.
►Scania (Tucumán): reducción de producción y personal ante el freno en el mercado interno.
►Calzado en Córdoba y Santa Fe: cierre de pequeñas fábricas que no logran competir con calzado importado, especialmente proveniente de Asia.
►Metalúrgicos (UOM): denuncias de 20 mil despidos en los últimos 6 meses y reclamos de paritarias libres.
