26 de mayo de 2026

Mondelez, el gigante de las galletitas, en jaque por la crisis y las políticas de apertura

La empresa admitió públicamente estar en una situación “crítica”, atribuyéndola a la apertura indiscriminada de importaciones y la brusca caída del consumo interno, un combo que elevó sus costos de producción y puso en jaque su modelo de negocios.

La crisis industrial argentina no distingue tamaños: esta vez golpea a Mondelez, una de las principales multinacionales alimenticias del país, productora de marcas icónicas como Oreo, Pepitos y Terrabusi.

En su planta de Pacheco —donde produce galletas, bizcochos y otros alimentos de consumo masivo— la compañía informó su intención de aplicar “ajustes en la planta de personal”, incluyendo retiros voluntarios, suspensiones y despidos. El temor a un recorte masivo encendió las alarmas en el Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia (STIA), que declaró el estado de alerta y movilización y comenzó asambleas informativas en los tres turnos de producción.

Aun así, y para contener la tensión, la empresa y el gremio pactaron transitoriamente “mantener la paz social” mientras buscan un acuerdo de estabilidad que permita sostener la actividad. Sin embargo, en asambleas y declaraciones públicas, representantes sindicales cuestionaron a Mondelez por “no asumir riesgos empresariales” y aprovechar la crisis para justificar despidos.

La firma no está sola en este escenario: en los últimos meses otras gigantes del rubro como Molinos Río de la Plata y Georgalos reconocieron problemas similares. Todas apuntan a la misma ecuación: una apertura importadora que arrasa con la producción local, caída de ventas y márgenes de rentabilidad comprometidos, mientras el plan económico oficial —con eje en la Ley Bases y la reforma laboral— consolida un modelo de precarización del empleo.

Desde el STIA, su secretario general Rodolfo Daer advirtió que “la apertura de importaciones y la flexibilización laboral son los pilares para destruir la industria nacional, la producción y la actividad gremial”, y no descartó una movilización en defensa de los puestos de trabajo, a la que podrían sumarse empleados de toda la industria alimenticia.

Mientras tanto, en la planta de Pacheco crece la incertidumbre: las asambleas continúan, el sindicato refuerza su presencia y los operarios temen que la “paz social” acordada sea apenas un respiro antes de un ajuste más profundo. La crisis de Mondelez, que alguna vez fue sinónimo de estabilidad y empleo seguro, expone con crudeza cómo el modelo aperturista golpea incluso a los grandes jugadores de la economía real.

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