Crisis en Añelo: desempleo, tensión social y abandono en el corazón de Vaca Muerta
La Cámara de Empresas, Industria y Servicios de Añelo (CEISA) encendió la alarma al denunciar la profundización de una crisis social y económica sin precedentes, provocada —según apuntan— por la especulación de las grandes operadoras petroleras con el precio internacional del barril.

La postal de Añelo, epicentro de la explotación no convencional en Vaca Muerta, está lejos de la promesa de prosperidad y empleo que supo encarnar. Hoy se parece más a un pueblo sitiado por la recesión, la precarización y el abandono.
La estrategia de frenar inversiones hasta que mejoren las condiciones de rentabilidad golpea de lleno a la comunidad local: desempleo creciente, migración forzada de trabajadores de otras provincias que quedaron a la deriva, y una demanda desbordada de los servicios públicos municipales, ya saturados, configuran un cóctel explosivo en términos sociales.
Lejos de ser una excepción, Añelo se convierte así en el símbolo de un modelo extractivo que maximiza ganancias pero socializa pérdidas: la llegada masiva de empresas foráneas contratadas de forma directa por las petroleras desplazó a proveedores locales, generó condiciones laborales más precarias y, al finalizar los contratos, dejó a cientos de trabajadores en situación de vulnerabilidad. Muchos de ellos, sin redes familiares ni laborales en la región, pasan a depender de la asistencia estatal, profundizando la tensión social.
La crisis impacta también en los indicadores de convivencia: aumento del consumo problemático de sustancias, hechos de inseguridad, desaliento social y falta de perspectivas, describen un escenario de deterioro constante que amenaza con desbordar.
Ante este panorama, CEISA reclama medidas estructurales y no meros parches. Entre sus pedidos figura la exigencia de que las operadoras transparenten sus planes de inversión para 2025, para así anticipar necesidades y organizar la oferta productiva local. También exigen el cumplimiento efectivo de la Ley de Compre Neuquino, que obligaría a contratar proveedores locales para generar trabajo genuino y evitar que Añelo sea, según denuncian, “un campamento petrolero” al servicio de la renta energética.
Además, reclaman que el Estado provincial y nacional convoquen de forma urgente a una mesa de diálogo con participación de empresarios, municipios y sindicatos para discutir soluciones de fondo. Porque —como advierte CEISA— “si Vaca Muerta es el motor del país, sus pueblos no pueden ser el depósito de los costos sociales de ese negocio”.
La crisis de Añelo refleja, en definitiva, el lado B de la “nueva Argentina energética”: inversiones millonarias, pero con pueblos que cargan el peso del desempleo, la marginalidad y la desarticulación social. Una tensión que no parece sostenible por mucho más tiempo si no se construyen respuestas reales y duraderas.
