La Casa Blanca toma distancia de la polémica por la bandera de Malvinas: «Tienen derecho a expresarse»
En medio de las críticas provenientes del Reino Unido y de la investigación iniciada por la FIFA, el gobierno de Donald Trump fijó una posición que, sin pronunciarse sobre el reclamo de soberanía, respaldó el derecho de los futbolistas a expresarse en territorio estadounidense.

La controversia generada por la exhibición de una bandera con la consigna «Las Malvinas son argentinas» tras el triunfo de la Selección argentina sobre Inglaterra dejó de ser exclusivamente un asunto deportivo para adquirir una dimensión política y diplomática.
La postura fue transmitida por Andrew Giuliani, responsable del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial 2026 y uno de los hombres de confianza del presidente estadounidense. El funcionario sostuvo que la legislación de Estados Unidos protege este tipo de manifestaciones mediante la Primera Enmienda de la Constitución, que garantiza la libertad de expresión.
«En Estados Unidos tienen derecho a hacerlo», afirmó Giuliani al ser consultado por la prensa internacional, marcando una diferencia con los cuestionamientos surgidos desde el Reino Unido, donde diversos sectores interpretaron el gesto de los jugadores argentinos como una utilización política de un evento deportivo.
El episodio se produjo una vez finalizado el encuentro disputado en Atlanta, cuando Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez exhibieron una bandera con la histórica consigna sobre las Islas Malvinas. La escena reavivó un conflicto diplomático que trasciende el fútbol y volvió a colocar la disputa por la soberanía del archipiélago en el centro de la atención internacional.
Mientras el gobierno británico reiteró que su posición respecto de las islas es «inquebrantable», la FIFA abrió un expediente disciplinario para determinar si la acción vulneró las normas que prohíben la difusión de mensajes políticos o considerados provocativos durante las competencias oficiales. La resolución dependerá del análisis de los informes elaborados por los árbitros y los delegados del encuentro.
En este contexto, el respaldo expresado por la administración Trump adquiere relevancia porque no implica un pronunciamiento sobre la cuestión de fondo, sino una defensa del marco jurídico estadounidense en materia de libertad de expresión. Esa diferenciación permite a Washington evitar un posicionamiento sobre la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido, al tiempo que responde a las críticas dirigidas contra los futbolistas.
Giuliani también buscó desplazar el foco de la controversia hacia el plano deportivo. Destacó la actuación de Lionel Messi durante la victoria frente a Inglaterra y lo comparó con Michael Jordan por su capacidad para asumir el liderazgo en los momentos decisivos. Según el funcionario, el capitán argentino volvió a demostrar por qué integra el grupo de los mejores deportistas de la historia.
La dimensión política del Mundial podría ampliarse aún más este fin de semana. Donald Trump confirmó que asistirá a la final que disputarán Argentina y España en el estadio MetLife de Nueva Jersey, mientras desde la Casa Blanca dejaron trascender que el mandatario podría realizar declaraciones antes del encuentro e incluso evaluar una invitación oficial al equipo campeón para visitar la residencia presidencial.
La secuencia refleja cómo un gesto realizado en el campo de juego terminó proyectándose sobre la agenda internacional. Lo que comenzó como una celebración deportiva derivó en un debate sobre los límites entre deporte y política, la libertad de expresión y la vigencia de un conflicto histórico que, más de cuatro décadas después de la guerra de 1982, continúa generando repercusiones en los principales escenarios diplomáticos del mundo.
