Milei redobla su ofensiva contra el Congreso y apuesta a octubre como plebiscito político
Tras sufrir un revés en el Senado y recibir críticas directas de su propia vicepresidenta, Javier Milei optó por volver a su zona de confort: la confrontación con “la casta” y el respaldo popular expresado en encuestas. Con una frase cargada de tono electoral —“En octubre las urnas hablarán”—, el Presidente lanzó un mensaje que deja entrever su intención de convertir las elecciones legislativas en un plebiscito sobre su gestión.

El mandatario compartió en su cuenta de X los resultados de una serie de encuestas difundidas por el vocero presidencial Manuel Adorni. Los sondeos, de metodología y origen no especificados, muestran altos niveles de aprobación a postulados centrales del programa libertario: reducción del gasto público, necesidad de achicar el Estado, rechazo al déficit fiscal y disposición ciudadana al “sacrificio económico”.
De la derrota parlamentaria al relato legitimador
La publicación de Milei llega inmediatamente después de que el Senado rechazara el mega DNU 70/2023 en una votación simbólicamente adversa para el Gobierno. Como si fuera poco, la vicepresidenta Victoria Villarruel cuestionó el manejo político del oficialismo y dejó entrever tensiones internas. En ese contexto, el mensaje presidencial actúa como una respuesta que intenta desplazar el eje del debate institucional hacia el terreno simbólico-electoral.
Al presentar los resultados como “la voz del pueblo” frente a “la casta del Partido del Estado”, Milei reedita su narrativa fundacional: una confrontación dicotómica entre un Gobierno portador de “la verdad económica” y una clase política empecinada en sostener sus privilegios. “Los argentinos de bien entendieron que la riqueza se genera y no se imprime”, escribió el Presidente, simplificando complejidades macroeconómicas en una consigna de fuerte carga ideológica.
Encuestas como blindaje
Los datos compartidos apuntan a reforzar la idea de un respaldo social firme, pese al desgaste institucional. Según lo difundido, una mayoría apoya la reducción del gasto público y la disminución del empleo estatal como vía para controlar la inflación. El propio Adorni remarcó que “la gente sigue creyendo en lo que eligió” y acusó a la “vieja política populista” de intentar recuperar espacios que, según su visión, ya no le pertenecen.
En términos políticos, el Gobierno utiliza encuestas como herramienta de legitimación para compensar su debilidad legislativa y aislar a los actores que lo enfrentan. La apelación a octubre, lejos de ser inocente, marca una intención clara: instalar una lectura plebiscitaria de las próximas elecciones legislativas, como si fueran un referéndum sobre su programa económico, sin mediaciones institucionales.
¿Plebiscito o fuga hacia adelante?
La apuesta por octubre también refleja un reconocimiento implícito de las dificultades actuales para avanzar con reformas estructurales en el Congreso. Sin mayorías propias ni coaliciones estables, el oficialismo ve en la opinión pública su principal fuente de poder. Convertir las urnas en un juicio a favor o en contra del “modelo Milei” puede reforzar la narrativa presidencial, pero también encierra riesgos, especialmente si la crisis económica persiste o se profundiza.
Mientras tanto, las señales internas no son alentadoras: la distancia entre Milei y Villarruel, sumada al malestar de gobernadores y legisladores que acompañaron la Ley Bases con reparos, sugiere que la estrategia de confrontación permanente tiene límites. El desafío para el Presidente no solo será mantener su base electoral, sino también evitar que octubre se transforme en una votación de castigo más que de respaldo.
En este marco, Milei no solo intenta reafirmar el apoyo a su programa, sino también deslegitimar de antemano cualquier resistencia política, incluso la que proviene de su propio espacio. Lo que se plantea como una celebración de la voluntad popular, en realidad encubre una deriva preocupante: el desprecio por los contrapesos democráticos en nombre de una supuesta mayoría silenciosa.
La pregunta de fondo no es si las urnas hablarán en octubre, sino qué escuchará el Gobierno cuando lo hagan.
