25 de mayo de 2026

Sturzenegger defendió los despidos en el Estado, pero Majul lo descolocó: “¿Dónde están los nuevos empleos?”

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, defendió con vehemencia la política de despidos masivos en el sector público impulsada por el gobierno de Javier Milei, pero terminó desbordado por una pregunta incómoda: “Si hay más desocupación hoy, ¿dónde están los nuevos empleos?”.

El planteo, realizado por Luis Majul durante su programa La Cornisa en La Nación Más, expuso una de las grietas más delicadas del discurso oficial: la desconexión entre el relato del ahorro fiscal y los datos concretos del mercado laboral.

Durante la entrevista, Sturzenegger se mostró convencido de que los más de 50.000 despidos en la administración pública no solo eran necesarios, sino virtuosos. A su juicio, la pregunta por la «crueldad» de la medida estaba “remal planteada”. Según su lógica, los trabajadores desvinculados eran “ñoquis” y su salida permitió un ahorro que supuestamente genera nuevos empleos en el sector privado.

Pero ante la intervención del propio Majul —uno de los periodistas más cercanos al oficialismo—, el argumento mostró fisuras. “¿Dónde están?”, insistió Majul, ante la afirmación del ministro de que “se crearon miles de nuevos puestos” gracias al ajuste estatal. La pregunta quedó sin respuesta concreta: Sturzenegger evitó brindar cifras o ejemplos que evidenciaran ese repunte del empleo, y se limitó a repetir que se devolvieron “millones de dólares a los argentinos” que ahora no deben pagar esos salarios.

El problema del “empleo invisible”
El episodio pone en relieve una de las contradicciones centrales del programa libertario: la premisa de que el achicamiento del Estado genera automáticamente empleo privado, sin ofrecer datos concretos que lo respalden. Hasta el momento, los indicadores oficiales —incluyendo los del propio INDEC— muestran una suba de la desocupación, un retroceso del empleo registrado y una mayor informalidad.

Aun así, desde el Ejecutivo insisten en que el ajuste es una condición necesaria para el crecimiento. Sin embargo, como evidenció el cruce con Majul, las promesas de reactivación aún no se traducen en mejoras visibles para la mayoría de la población.

Un relato sin anclaje social
La defensa cerrada del despido masivo como sinónimo de eficiencia puede sonar lógica desde la visión tecnocrática del gasto público. Pero la falta de sensibilidad social y la ausencia de resultados tangibles convierten esa narrativa en un mensaje que, cada vez más, choca con la realidad cotidiana de millones de argentinos.

El propio hecho de que el cuestionamiento haya venido de un periodista alineado con el Gobierno sugiere que hasta dentro del círculo favorable al oficialismo hay inquietud por el costo humano del ajuste. El intento de construir una épica del recorte choca, una y otra vez, con los datos: la promesa de libertad económica aún no llega a los hogares empobrecidos por la recesión, la inflación y el desempleo.

Sturzenegger apeló a la contabilidad fiscal para justificar las cesantías, pero no logró explicar cómo ni cuándo esa eficiencia administrativa se traducirá en bienestar social. Y es allí donde el relato libertario corre el riesgo de agotarse: en su incapacidad de vincular los balances con la vida real. Porque, como evidenció Majul —quizás sin querer—, la pregunta sigue abierta y cada vez más urgente: ¿Dónde están los empleos prometidos?

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