El Garrahan en alerta: denuncian desfinanciamiento del 54% y pérdida de profesionales clave
El Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan, emblema de la salud pública infantil en la Argentina, enfrenta una de sus crisis presupuestarias más severas en décadas.

Según un informe difundido por la Fundación Soberanía Sanitaria, el presupuesto nominal de la institución para 2025 es exactamente el mismo que el de 2024, pese a que la inflación acumulada alcanza el 117,8%.
La consecuencia directa es una pérdida del 54% del poder adquisitivo en términos reales, con efectos ya visibles: salida de personal esencial, deterioro en la calidad de atención y menor capacidad de formación profesional.
Un presupuesto congelado frente a una inflación sin tregua
Los datos oficiales, obtenidos del sitio presupuestoabierto.gob.ar y del balance del propio Consejo de Administración del hospital, confirman que el presupuesto asignado para 2024 fue de $169.445 millones, y que esa misma cifra regirá para 2025. Sin embargo, en el actual contexto inflacionario, el mantenimiento nominal del presupuesto equivale a una amputación operativa, en particular en áreas donde los insumos —como medicamentos o equipamiento médico— tienen aumentos por encima del promedio general.
El informe advierte que no se trata de una omisión técnica sino de una decisión política deliberada, que refleja una lógica de desfinanciamiento estructural. “La prórroga presupuestaria sin actualización implica recortes reales”, sostiene el documento.
Recursos humanos en fuga
El Garrahan, que actualmente cuenta con 4.728 trabajadores de planta, ha comenzado a sufrir una sangría preocupante: cerca de 100 profesionales ya renunciaron en lo que va del año, según la Fundación. El recorte salarial afecta a médicos, investigadores y formadores de residentes, lo que resiente el funcionamiento integral del hospital, más aún en áreas críticas como terapia intensiva, donde se requieren hasta tres veces más enfermeros que médicos para sostener los cuidados.
Este vaciamiento humano compromete no solo la atención directa, sino también las funciones estratégicas del hospital en formación de especialistas e investigación médica. El desincentivo a elegir el Garrahan como centro de residencia es una señal de alarma para el sistema de salud en su conjunto.
Una institución estratégica en riesgo
Más allá del número de camas o consultas, el Garrahan es un centro de referencia nacional y regional. Atiende a niños y niñas de todo el país, con y sin cobertura de obra social, e incluso recibe pacientes del exterior en casos de alta complejidad. Su carácter federal y su rol integrador lo vuelven un pilar del acceso equitativo a la salud pediátrica.
En ese marco, su desfinanciamiento no golpea únicamente a quienes dependen del sistema público, sino que erosiona la columna vertebral del modelo de atención pediátrica en Argentina. La Fundación advierte que “no se trata solo de resolver la demanda diaria: el Garrahan sostiene una red profesional, tecnológica y académica que afecta tanto el presente como el futuro del sistema sanitario”.
Entre el ajuste y el colapso
El informe de Soberanía Sanitaria llega en un momento donde el discurso oficial sobre el gasto público tensiona con la necesidad de sostener derechos fundamentales. El caso del Garrahan pone en primer plano los límites del ajuste económico cuando se trata de servicios esenciales: ¿qué margen hay para el recorte en salud infantil sin comprometer derechos básicos y estándares de calidad?
El silencio oficial frente a la denuncia presupuestaria contrasta con la gravedad de los datos expuestos. En un escenario de inflación persistente y conflictividad laboral en aumento, el deterioro de un hospital como el Garrahan no solo es una tragedia sanitaria, sino también un síntoma político: el abandono de políticas públicas que históricamente colocaron a la niñez en el centro de las prioridades del Estado.
