22 de mayo de 2026

Las centrales obreras se alinean con Kicillof y reconfiguran el mapa del poder en la interna peronista

En un momento donde el gobierno de Milei capitaliza la dispersión de sus adversarios, la disputa por el alma del peronismo entra en una fase decisiva. Y esta vez, los sindicatos no piensan quedarse al margen.

El Día del Trabajador dejó algo más que consignas contra el ajuste del Gobierno de Javier Milei: marcó un punto de inflexión en la interna del peronismo bonaerense. Las principales centrales obreras —la CGT y las dos CTA— decidieron mover sus fichas y manifestaron un apoyo explícito al gobernador Axel Kicillof, que avanza en la construcción de su propio espacio político, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF).

El gesto no es menor: revela una fractura en el corazón del peronismo y anticipa un reordenamiento del poder con miras a las elecciones legislativas de 2025.

Kicillof, hasta hace poco visto como un delfín político de Cristina Kirchner, ya no esconde sus aspiraciones de independencia. Con el acto de lanzamiento de su espacio programado para el 24 de mayo en la sede de UPCN en La Plata, el gobernador busca dejar en claro que su proyecto trasciende al kirchnerismo tradicional. En ese armado, el respaldo sindical cumple una doble función: refuerza su base territorial y, a la vez, le brinda volumen político frente al aparato de La Cámpora, liderado por Máximo Kirchner.

Apoyo sindical con múltiples lecturas

El respaldo de las centrales no es homogéneo en sus motivaciones, pero sí en su dirección. En la CGT, la decisión de apoyar a Kicillof responde tanto a su confrontación con el actual modelo económico como al desgaste del liderazgo de Cristina. La central no mantiene diálogo con la conducción del PJ Nacional, que todavía encabeza la expresidenta, y ve en el gobernador un interlocutor válido con quien articular una estrategia frente al Gobierno nacional.

Por su parte, desde la CTA Autónoma, su secretario general Hugo “Cachorro” Godoy planteó una mirada más programática: “La unidad no puede expresarse solamente en términos electorales. La emergencia de nuevos liderazgos debe producirse desde la resistencia a este gobierno”. La central busca evitar una fragmentación que debilite la oposición, pero no descarta una reorganización con nuevas referencias.

En ambos casos, el respaldo a Kicillof representa una crítica tácita —y en algunos casos explícita— a La Cámpora y su hegemonía en el armado político del peronismo bonaerense. La reciente disputa en la Legislatura provincial por la reforma del calendario electoral fue el síntoma más evidente de esa fractura: mientras Kicillof impulsaba los cambios, el sector de Máximo Kirchner los bloqueó, generando un cortocircuito institucional y dejando al desnudo la falta de coordinación interna.

Cristina, Massa y el incierto futuro del PJ

Aunque el rol de Cristina Kirchner sigue siendo determinante en términos simbólicos, su liderazgo ya no es incuestionado. Incluso figuras cercanas a Kicillof, como Andrés “Cuervo” Larroque, evitaron confrontarla directamente pero marcaron distancia: “Separar a Cristina de Máximo es complejo”, reconoció el ministro. La reaparición pública de la exmandataria con críticas al FMI y a Milei la mantiene vigente, pero no logra contener la fragmentación en su propio espacio.

En paralelo, Sergio Massa intenta reinsertarse en la discusión interna con el relanzamiento de la Fundación Encuentro, en un intento por ofrecer una tercera vía. Sin embargo, su capital político parece menguado y todavía no logra articular una fuerza capaz de disputar el protagonismo.

El intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera, sintetizó el estado actual de la oposición: “Hoy por hoy no hay un encuentro entre los sectores. Nos estamos preparando para el peor de los escenarios”. La frase revela que, pese a los llamados a la unidad, el peronismo bonaerense transita una fase de descomposición en la que cada actor refuerza su propia trinchera.

El 2025, próximo campo de batalla

La verdadera prueba de esta reconfiguración será la definición de las listas para las legislativas del año próximo. Allí se verá si el Movimiento Derecho al Futuro logra consolidarse como una nueva mayoría interna o si las tensiones derivan en una ruptura definitiva del peronismo bonaerense.

La intervención sindical en la interna no solo busca salvar al partido de la fragmentación: pretende garantizar que el nuevo liderazgo represente una agenda centrada en la defensa del empleo, el salario y la producción. En otras palabras, el respaldo a Kicillof no es un cheque en blanco, sino una apuesta por una oposición con raíces sociales y anclaje territorial.

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