Endeudamiento en alza: la mora de las familias ya triplica la del año pasado
El acelerado deterioro en la capacidad de pago de los hogares argentinos encendió las alarmas del sistema financiero y expone la cara más compleja de la actual coyuntura económica.

Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, la morosidad de las familias escaló al 11,5% en marzo, un salto que no solo marca una tendencia mensual ascendente, sino que triplica el 3,3% registrado en el mismo mes del año anterior.
Este indicador macroeconómico, que regresa a niveles desatendidos desde hace más de dos décadas, desnuda un cambio estructural: el endeudamiento ya no funciona como una herramienta de progreso o consumo extraordinario, sino como un mecanismo de subsistencia para costear el día a día.
La fisonomía de la irregularidad crediticia permite trazar un mapa de la urgencia doméstica. El segmento de los préstamos personales lidera el colapso con una tasa de mora del 14,2%, su punto más alto en 15 años, seguido de cerca por el 11,7% en tarjetas de crédito.
Históricamente, el proceso inflacionario funcionaba como un aliado involuntario del deudor en pesos, licuando el valor real de las cuotas fijas con el paso de los meses. Sin embargo, la combinación de tasas de interés reales positivas y la persistente caída del poder adquisitivo de los salarios destruyó ese amortiguador.
Sin el efecto licuación y con ingresos estancados, las familias se encuentran atrapadas en una estructura de costos financieros indexados que fagocita sus presupuestos.
El escenario se vuelve todavía más dramático al observar la periferia del sistema financiero tradicional. En el ecosistema de las billeteras virtuales y las firmas fintech, los niveles de incumplimiento perforaron la barrera del 30%.
Este dato es clave para entender la dimensión social de la crisis: los sectores informales o de menores ingresos, aquellos que carecen de acceso a la banca formal, recurren a los microcréditos digitales para cubrir necesidades básicas como alimentos o servicios públicos. Es allí, en el eslabón más vulnerable de la cadena, donde la soga del endeudamiento aprieta con mayor fuerza, registrando una tasa de morosidad que expone una situación de quebranto virtual en la base de la pirámide social.
Ante este panorama, la respuesta de la autoridad monetaria ha sido de estricta ortodoxia y prudencia sistémica. La conducción del Banco Central descartó de cuajo la implementación de salvatajes públicos para deudores particulares, argumentando que las entidades bancarias cuentan con el respaldo de capital y previsiones necesarias para absorber los atrasos de la cartera privada, la cual ya promedia una irregularidad general del 7%.
Al delegar la resolución del conflicto a la esfera de las negociaciones particulares entre bancos y clientes, el Gobierno prioriza la salud macroprudencial del sistema financiero, mientras traslada el costo del desendeudamiento directamente a la economía real, consolidando el endeudamiento familiar como uno de los principales focos de tensión social de este año.
