28 de junio de 2026

Importaciones: la eliminación de barreras asfixia a la industria de electrodomésticos y provoca una ola de despidos

Esta realidad no es un hecho aislado, sino la señal más visible del profundo impacto que ha tenido la irrupción masiva de electrodomésticos importados, facilitada por la decisión del Gobierno de eliminar las protecciones arancelarias al sector.

La crisis en la industria nacional de electrodomésticos ha escalado rápidamente, marcada por el reciente cierre de la planta de Whirpool y la desvinculación de más de 200 empleados.

Esta avalancha importadora ha modificado radicalmente el escenario competitivo, empujando a las empresas locales, que emplean a unas quince mil personas, a un acelerado proceso de reconversión que casi siempre implica recortes de personal, suspensiones o cierres definitivos.

La presión es intensa para los fabricantes de heladeras, lavarropas, cocinas y aires acondicionados, en un mercado que se estimaba movería 5.500 millones de dólares este año. Fuentes empresarias reconocen que la situación obliga a todas las firmas a repensar sus estructuras.

Y advierten que la variable de recortes y cierres se está volviendo la más elegible en el corto plazo, proyectando una posible caída del empleo de hasta el 10% de aquí al primer semestre de 2026 si la tendencia se mantiene.

La falta de competitividad se agrava por el llamado “costo argentino”, que hace que una heladera producida localmente sea hasta un 40% más costosa que su par importada, una brecha insalvable en un contexto de consumo interno debilitado.

El impacto laboral ya se siente en varias compañías. Peabody, por ejemplo, inició una reestructuración con la desvinculación de quince empleados, aunque su perfil de importador mayoritario la coloca en una posición menos vulnerable que otros fabricantes puramente nacionales.

Por su parte, Electrolux ha prorrogado hasta fin de año un esquema de suspensiones rotativas que afecta a 400 trabajadores, operando apenas al 50% de su capacidad a la espera de una recuperación del consumo que aún no se materializa. La incertidumbre llevó a la mexicana Mabe a mudar su operación de Río Segundo a Luque, Córdoba, resultando en la desvinculación de unos cincuenta empleados.

Paradójicamente, el mismo fenómeno que destruye la industria nacional está impulsando las ventas en algunas categorías. Datos de Nielsen IQ muestran que el segmento de lavarropas creció un 72% en unidades entre enero y octubre de 2025.

Este repunte, sin embargo, no beneficia a los fabricantes locales, sino que está directamente vinculado al récord de importaciones que ha ampliado la oferta y, crucialmente, ha reducido los precios. El precio promedio de un lavarropas fue 20,4% menor en octubre que el año anterior. Este abaratamiento, junto con planes de financiación, ha mejorado el poder adquisitivo del salario respecto a estos productos.

No obstante, esta bonanza cortoplacista para el consumidor se logra a costa de la destrucción del tejido productivo nacional y el aumento del desempleo , agravando la dependencia de productos importados. La avanzada china, además, no solo inunda el mercado doméstico, sino que también limita la capacidad de los fabricantes locales para exportar, con compañías que apenas colocan entre el 2% y el 5% de su producción en el exterior.

La crisis evidencia la necesidad urgente de que la industria local redefina su estrategia productiva, ya que el modelo actual prioriza el consumo inmediato sobre la sostenibilidad del empleo y la producción nacional.

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