Dos diputados chilenos sostienen que las Malvinas son «Falkland» y pertenecen a Inglaterra
Para Argentina, las Malvinas constituyen una reivindicación de soberanía sostenida históricamente y respaldada por resoluciones de organismos internacionales. En ese marco, las expresiones de los diputados chilenos no solo tensionan el vínculo bilateral, sino que también abren interrogantes sobre la consistencia de la política exterior de Chile frente a una cuestión que, al menos oficialmente, su Gobierno afirma respaldar.

Cuando las tensiones diplomáticas entre Argentina y Chile parecían encaminarse hacia una etapa de mayor calma, dos diputados chilenos volvieron a introducir un elemento de conflicto al pronunciarse sobre la cuestión Malvinas.
Ambos se refirieron al archipiélago como “Falkland” y avalaron públicamente la posición del Reino Unido, en una postura que genera ruido político y contradice el respaldo que el Gobierno chileno ha expresado a los derechos de soberanía argentinos.
Uno de los legisladores que abrió la polémica fue Javier Olivares Avendaño, integrante de la Comisión de Defensa Nacional y titular de la Comisión de Control del Sistema de Inteligencia del Estado. El diputado del Partido de la Gente estableció una comparación entre el reclamo británico sobre las islas y la disputa vinculada con el Estrecho de Magallanes.
“Así como las Falkland son inglesas, el Estrecho de Magallanes es chileno”, sostuvo Olivares Avendaño. La afirmación no solo adopta la denominación utilizada por el Reino Unido, sino que presenta como equivalente una situación histórica y jurídica que Argentina considera una cuestión pendiente de soberanía.
La declaración adquiere una dimensión política particular porque se produce después de que el presidente chileno José Antonio Kast ratificara junto a Javier Milei la posición de respaldo de Chile al reclamo argentino sobre las islas. En ese contexto, las palabras del diputado aparecen como una señal discordante dentro de la propia política exterior chilena.
Pero Olivares Avendaño no fue el único legislador en pronunciarse en esos términos. Alejandro Gabriel Riquelme Ducci, diputado del Partido Republicano —la misma fuerza política de Kast—, también utilizó la denominación “Falkland” al defender los vínculos comerciales entre la región de Magallanes y el archipiélago.
Riquelme Ducci sostuvo que Chile tiene derecho a comerciar con cualquier país y cuestionó que Argentina pueda establecer condiciones sobre esas actividades. “Terceros países no pueden poner condiciones”, afirmó al referirse a los servicios de cabotaje y transporte de cargas entre Magallanes y las islas.
El legislador fue todavía más lejos al reivindicar una supuesta relación histórica entre Magallanes y las “Islas Falkland”. Como argumento, aseguró que buena parte de la actividad ovina de la región chilena tiene su origen en el archipiélago y en el Reino Unido.
Más allá de la discusión comercial, el problema político de estas declaraciones reside en el lenguaje y en el reconocimiento implícito de una narrativa que Argentina rechaza.
La utilización de “Falkland” por parte de representantes electos chilenos no es un detalle menor: es la denominación británica para las islas y se encuentra estrechamente vinculada con la posición del Reino Unido frente al reclamo argentino.
La situación expone, además, una contradicción que no debería pasar inadvertida. Mientras la conducción política chilena sostiene oficialmente una posición favorable a los derechos argentinos sobre las Malvinas, integrantes del Congreso chileno —incluido un diputado del partido gobernante— adoptan públicamente argumentos que coinciden con la postura británica.
El episodio vuelve a poner en evidencia la sensibilidad de la relación bilateral y la necesidad de diferenciar los intereses comerciales de las posiciones soberanas.
El intercambio económico entre Chile y el archipiélago puede ser objeto de debate, pero convertir esa relación en un argumento para respaldar la soberanía británica introduce una dimensión política que excede ampliamente una cuestión comercial.
