La inflación baja, pero los precios siguen subiendo: el 1,7% de agosto no alivia por igual al bolsillo
La inflación del 1,7% sigue siendo inflación: los precios no retroceden, sino que continúan subiendo. Y cuando los aumentos se acumulan mes tras mes, una tasa que estadísticamente parece moderada puede seguir representando una presión significativa sobre los ingresos de los hogares.

El índice de precios al consumidor (IPC) registró en agosto una suba del 1,7%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
El dato confirma una desaceleración respecto de meses anteriores y permite al Gobierno reivindicar el rumbo de su programa económico, pero detrás de la cifra aparece una realidad menos tranquilizadora: la inflación baja en términos de velocidad, aunque los precios continúan aumentando mes tras mes.
Con el resultado de agosto, la inflación acumulada durante 2026 alcanzó el 21,3%, mientras que la variación interanual se ubicó en el 33,5%.
El dato mensual fue el más bajo del año y volvió a colocarse por debajo del 2%, aunque eso no implica una reducción generalizada del costo de vida. En términos concretos, significa que los precios siguieron aumentando, pero a un ritmo menor.
La diferencia no es menor. Una inflación descendente no equivale a precios descendentes. Para los consumidores, la comparación cotidiana no se realiza contra el porcentaje del IPC sino contra lo que cuesta llenar el carrito, pagar los servicios, trasladarse o comprar medicamentos. Y en varios de esos rubros los aumentos continúan.
La división que más subió en agosto fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un incremento del 2,8%. Le siguieron Educación, con 2,5%; Bienes y servicios varios y Salud, ambos con 2,4%; Comunicación, 2,3%; y Bebidas alcohólicas y tabaco, 2,1%.
También aumentaron Restaurantes y hoteles (1,8%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (1,7%), Transporte (1,5%) y Equipamiento y mantenimiento del hogar (1,4%). En contraste, Recreación y cultura no registró variaciones, mientras que Prendas de vestir y calzado presentó una caída del 0,6%.
El dato que permite observar con mayor claridad la distancia entre la estadística general y la percepción del consumidor aparece dentro de los alimentos.
La cebolla, el zapallo anco, la banana, la papa y la batata encabezaron los aumentos, mientras que también se registraron fuertes subas en productos de consumo masivo como fideos secos, filet de merluza, galletitas dulces, pan francés y harina de trigo.
Se trata, precisamente, de bienes que tienen una presencia cotidiana en la mesa de los hogares. Por eso, aunque algunos componentes del índice hayan mostrado estabilidad o incluso bajas, el encarecimiento de alimentos básicos puede generar una percepción de inflación mucho mayor que la que refleja el promedio nacional.
La desaceleración de agosto estuvo favorecida, entre otros factores, por el comportamiento de los precios estacionales, particularmente en indumentaria y turismo, además de cierta moderación en alimentos. Esto contribuyó a mantener el índice general por debajo del 2%.
Sin embargo, también revela una cuestión central: una parte de la mejora del indicador responde a componentes que pueden variar por razones estacionales y no necesariamente reflejan una baja estructural del costo de vida.
El 1,7% constituye, sin dudas, una señal de desaceleración. Pero el desafío económico pasa ahora por transformar esa menor velocidad de aumento en una mejora perceptible y sostenida del poder adquisitivo. Mientras la inflación permanezca en terreno positivo, los precios seguirán acumulando incrementos.
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por celebrar que la inflación mensual sea menor al 2%. El interrogante más relevante es cuánto tiempo puede sostenerse esa desaceleración y qué ocurre con los precios de los bienes esenciales que las familias compran todos los meses.
