6 de julio de 2026

Cristina Kirchner denunció persecución judicial y llamó a la unidad del peronismo

Su reaparición se produce en medio de crecientes rumores sobre un inminente fallo de la Corte Suprema que confirmaría la condena que recibió a finales de 2022: seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

En un encendido acto celebrado en la sede del Partido Justicialista nacional por el Día de la Resistencia Peronista, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner reapareció en la escena política con un discurso que combinó llamados a la unidad del peronismo y duras críticas tanto al poder judicial como al modelo económico del presidente Javier Milei.

En un contexto marcado por la polarización, la exmandataria no solo hizo referencia al pasado reciente del peronismo, sino que puso el foco en lo que considera una ofensiva judicial en su contra con fuertes connotaciones políticas.

«Esto también requiere desprendimientos personales, porque la unidad siempre y cuando el primero sea yo, así no se construye», afirmó, en lo que muchos interpretaron como una señal clara de que no buscará encabezar listas, sino promover una estrategia más amplia que priorice la cohesión interna y electoral del espacio.

La denuncia de una persecución judicial no es nueva, pero el momento en que se reactiva cobra una relevancia particular. Kirchner insinuó que la Corte Suprema podría ratificar la condena impuesta en 2022, lo cual no solo la excluiría formalmente de la arena electoral, sino que también reavivaría el debate sobre la independencia del Poder Judicial y la judicialización de la política.

En este sentido, el acto tuvo también un fuerte contenido simbólico: se realizó en el aniversario de los fusilamientos de José León Suárez de 1956, un hito fundacional de la resistencia peronista y símbolo de represión estatal.

La exmandataria estuvo acompañada por figuras clave del peronismo actual, como el gobernador bonaerense Axel Kicillof, y otros referentes como Leopoldo Moreau, Sergio Palazzo, y las intendentas Mayra Mendoza y Mariel Fernández. Esa presencia reforzó su mensaje de unidad y de la necesidad de una construcción colectiva, capaz de articular una alternativa sólida frente al modelo de ajuste que, según sus palabras, representa Milei.

Cristina Kirchner también vinculó esta presunta persecución judicial con el contexto económico actual. Criticó duramente el rumbo tomado por el gobierno libertario, al que responsabiliza por el deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo y el avance de la desigualdad.

«Construir realmente una organización popular y democrática», dijo, es la única vía para confrontar no solo a un adversario electoral, sino a un modelo de país que, según ella, excluye a las mayorías.

Así, el acto fue más que una conmemoración: fue una puesta en escena de resistencia, de defensa del legado y de reposicionamiento político. Con el fantasma de una eventual proscripción sobrevolando la política argentina, Cristina Kirchner no solo busca reafirmar su lugar como figura central del peronismo, sino también reabrir el debate sobre la legitimidad de los procesos judiciales que la involucran.

En un país donde la línea entre justicia e intereses políticos se vuelve cada vez más difusa, su discurso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto se puede hablar de democracia plena cuando los liderazgos populares son neutralizados por sentencias judiciales?

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