Crisis industrial y apertura importadora: la única planta de Topper en el país ya despidió 160 trabajadores
El caso de la planta de Topper se suma así a una serie de señales de alerta dentro del entramado industrial argentino, donde distintos sectores manufactureros enfrentan crecientes dificultades para sostener producción y empleo en un contexto de fuerte contracción del mercado interno.

La crisis que atraviesa la industria nacional del calzado volvió a reflejarse en un nuevo ajuste laboral. La única planta que la marca deportiva Topper mantiene en Argentina ya desvinculó a unos 160 trabajadores, en medio de un escenario marcado por la caída del consumo interno y el aumento de las importaciones.
La situación fue confirmada por el delegado regional de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA), Gaspar Fugaracho, quien advirtió que el panorama para los próximos meses es incierto y que la prioridad del gremio continúa siendo preservar los puestos de trabajo que aún permanecen en la fábrica.
Según explicó el dirigente sindical, durante gran parte de 2024 el sindicato y la empresa implementaron un esquema de reducción horaria como estrategia para evitar despidos masivos. Ese acuerdo se extendió durante ocho meses y concluyó a fines de febrero.
La medida permitió sostener temporalmente la plantilla, pero tuvo un fuerte costo para los trabajadores. La reducción de la jornada implicó recortes salariales significativos: cada operario dejó de percibir alrededor de 250 mil pesos mensuales. En la actualidad, indicó Fugaracho, los ingresos promedio apenas rondan los 700 mil pesos, un nivel que resulta insuficiente frente al aumento del costo de vida.
Una vez finalizado el esquema de emergencia, comenzaron las desvinculaciones. Hasta el momento ya se registraron alrededor de 160 despidos, lo que encendió las alarmas sobre el futuro de la planta y sobre la situación general del sector.
Desde el gremio sostienen que la crisis no responde únicamente a problemas internos de la empresa, sino a un contexto económico más amplio que golpea a la industria nacional. Entre los factores que mencionan aparecen la contracción del mercado interno y el avance de productos importados que compiten con la producción local.
Para la industria del calzado, intensiva en mano de obra y con fuerte presencia de pymes proveedoras, la combinación de caída del consumo y mayor apertura comercial genera un escenario particularmente delicado. En ese marco, el ajuste en Topper se interpreta como parte de un proceso más amplio de retracción industrial.
“El objetivo es conservar las fuentes de trabajo, pero hoy no vemos un panorama claro hacia adelante”, advirtió Fugaracho, al tiempo que señaló que, de persistir las actuales condiciones económicas, podría profundizarse el deterioro del empleo en el sector.
