El mercado laboral argentino crece solo en empleo precario mientras se pierden puestos formales
Mientras el PBI crece, los empleos formales desaparecen y la presión social se acumula. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo podrá sostenerse un modelo que prioriza cifras macroeconómicas sobre la estabilidad laboral, dejando en espera a millones de trabajadores que, por ahora, solo ven crecer el empleo precario.

El mercado laboral argentino muestra un rostro contradictorio: aunque el Gobierno celebra cifras de crecimiento en sectores específicos, la realidad de los trabajadores formales privados es cada vez más precaria.
Entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, se destruyeron más de 200.000 empleos asalariados en el sector privado, según datos del INDEC y del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
El aumento registrado en el empleo total —409.000 nuevos puestos— se explica exclusivamente por la informalidad y el monotributo, con más de 600.000 trabajadores sumados a estas modalidades. Este fenómeno refleja una degradación estructural de la calidad laboral: los nuevos empleos carecen de cobertura previsional plena y de estabilidad, y ponen en riesgo el poder adquisitivo y la seguridad social de cientos de miles de personas.
El economista Iván Carrino, cercano al ministro de Economía Luis Caputo, reconoció la gravedad del panorama, aunque defendió el rumbo del ajuste fiscal y la desregulación. Carrino argumenta que el país atraviesa una “transición” hacia un mercado más “normal” y que, eventualmente, el crecimiento terminará derramando beneficios hacia el empleo formal. No obstante, admitió que sectores como la industria, el comercio y los servicios fueron los más afectados por la devaluación, mientras que el agro y la energía, que actualmente tiran del crecimiento, no generan puestos de trabajo masivos.
“Si en tres años no aparece empleo privado formal, revisamos la teoría económica”, declaró el analista, una frase que encendió críticas desde sindicatos y observatorios sociales. Para ellos, la política oficial está construyendo un mercado laboral más barato a costa de los trabajadores: se pierden beneficios sociales, el poder adquisitivo se erosiona y la informalidad se consolida como mecanismo de supervivencia.
La contracción de la obra pública y la apertura de importaciones profundizan la pérdida de empleo en construcción e industria manufacturera. Los traspasos hacia servicios o regímenes precarios se presentan por el Gobierno como “reconciliación productiva”, pero para los trabajadores significan ingresos más bajos y menor estabilidad.
