20 de junio de 2026

Conocimiento vs. negacionismo: el repudio científico expone la gravedad del acto antivacunas en el Congreso

El desafío ahora será reconstruir la confianza y reforzar el rol de las instituciones como guardianas —no como detractoras— de las políticas basadas en evidencia.

La organización de un acto antivacunas en la Cámara de Diputados, avalado por la diputada Marilú Quiroz (PRO) y autorizado por el presidente del cuerpo, Martín Menem, desató una reacción inmediata y transversal.

La comunidad científica, sectores políticos, instituciones de salud y especialistas repudiaron con fuerza una jornada que colocó en el recinto legislativo discursos sin sustento y peligrosos para la salud pública.

El episodio no solo sorprendió por su contenido, sino por su ubicación: el Congreso de la Nación, ámbito donde las políticas sanitarias deberían ser defendidas, terminó siendo escenario de la desinformación.

A las críticas institucionales y políticas se sumó ahora la voz de la Sociedad Argentina de Inmunología (SAI), que expresó su “profunda preocupación” por un evento en el que se cuestionó la seguridad de las vacunas y se difundieron afirmaciones contrarias a toda evidencia científica. Para la entidad, la jornada no fue un debate, sino un retroceso: puso en riesgo la confianza pública en un instrumento vital que ha permitido a la Argentina —y al mundo— reducir drásticamente la mortalidad y las secuelas de enfermedades infecciosas.

El comunicado de la SAI subraya un punto central: la vacunación es una política de Estado, consolidada por consenso científico, sanitario y social. Su obligatoriedad y gratuidad no responden a imposiciones arbitrarias, sino a décadas de investigación, evidencia acumulada y resultados concretos que transformaron el panorama epidemiológico del país. Que ese consenso sea cuestionado desde el propio Congreso representa, advierte la comunidad científica, una “extrema gravedad institucional”.

La alarma se intensifica debido al contexto actual. Argentina enfrenta un descenso marcado en las coberturas del Calendario Nacional de Vacunación, un fenómeno que favorece el retorno de enfermedades que se creían bajo control. Los casos recientes de sarampión, tos convulsa, hepatitis A o la amenaza latente de la poliomielitis demuestran que la salud pública es siempre vulnerable cuando se debilita la inmunidad comunitaria.

En esta situación, la realización de un acto antivacunas dentro del recinto legislativo no solo resulta irresponsable: agrega ruido, confusión y validación simbólica a discursos que erosionan una política sanitaria esencial. El daño potencial no es teórico. En un país donde la confianza en las instituciones ya se encuentra tensionada, habilitar espacios oficiales para contenidos negacionistas puede afectar directamente las tasas de vacunación y, por ende, la salud de la población.

La comunidad científica fue categórica: las vacunas son seguras, efectivas y fundamentales para proteger vidas. El episodio en Diputados deja en evidencia una tensión preocupante entre el conocimiento experto y sectores políticos dispuestos a amplificar ideas sin respaldo, incluso a costa del bienestar colectivo.

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