12 de agosto de 2026

La crisis económica empuja a un tercio de los argentinos a pedir comida y ayuda en las iglesias

El dato más inquietante no es solo el crecimiento de la asistencia religiosa, sino lo que revela sobre el estado social del país. Cuando las iglesias se convierten en comedores, refugios y oficinas de ayuda laboral para más de un tercio de la población, la crisis deja de ser una discusión económica abstracta y se transforma en una evidencia concreta de empobrecimiento, vulnerabilidad y retroceso de las redes de protección social.

La crisis económica ya no solo se mide por la inflación, la caída del consumo o el deterioro del empleo. También se refleja en un fenómeno silencioso y cada vez más extendido: miles de argentinos recurren a iglesias y templos para conseguir alimentos, abrigo o algún tipo de asistencia básica que el Estado no logra garantizar.

Un informe del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), reveló que el 35,5% de la población acudió durante el último año a una institución religiosa en busca de ayuda. El dato expone una realidad alarmante: uno de cada tres argentinos necesitó apoyo externo para enfrentar problemas vinculados con su subsistencia o bienestar cotidiano.

El estudio, titulado El papel de los templos en la vida social argentina, muestra que las iglesias dejaron de ser únicamente espacios de culto para transformarse en verdaderos centros de contención social. Aunque el acompañamiento espiritual aparece como el principal motivo de consulta, las necesidades materiales ocupan un lugar central.

Las demandas económicas y laborales registraron 16 menciones cada 100 personas encuestadas, e incluyen pedidos de comida, ropa, alojamiento o ayuda para conseguir trabajo. Detrás de esos números se evidencia el impacto concreto del deterioro del poder adquisitivo y la creciente dificultad de amplios sectores para cubrir necesidades básicas.

El informe también señala que las instituciones religiosas cumplen funciones que exceden ampliamente lo espiritual. Un 5,6% de los consultados mencionó actividades de apoyo escolar o capacitación, lo que confirma que los templos están absorbiendo tareas que tradicionalmente correspondían a políticas públicas de asistencia social y educativa.

La investigación identifica además quiénes dependen con mayor frecuencia de estas redes de ayuda. Los evangélicos son el grupo que más utiliza los mecanismos de contención de sus iglesias, reflejando una fuerte articulación entre comunidad religiosa y asistencia cotidiana.

La edad es otro factor determinante. Las personas mayores de 50 años aparecen como las que más recurren a los templos, especialmente ante problemas de salud, soledad o necesidad de acompañamiento. A esto se suma una marcada diferencia según el nivel educativo: cuanto menor es la instrucción formal, mayor es la dependencia de las redes de ayuda construidas alrededor de las iglesias.

Los investigadores concluyen que los templos continúan funcionando como estructuras de articulación social capaces de responder donde otras instituciones muestran serias limitaciones. Además de brindar apoyo espiritual, intervienen frente a situaciones de violencia familiar, crisis económicas, desempleo y otras dificultades de la vida cotidiana.

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