Cierre de unidades en Refinor enciende las alarmas: Despidos en puerta y un empleo regional en jaque
En Campo Durán, cada válvula que se apaga apaga también parte del futuro de cientos de familias. Y, lo que es peor, sin que nadie desde el poder político parezca dispuesto a encender una luz de respuesta.

La refinería de Campo Durán, en el norte salteño, volvió a quedar en el centro de la preocupación regional tras el cierre técnico de dos de sus unidades clave: Topping y Reforming, esenciales para la producción de combustibles.
La decisión de Refinor, confirmada por el Sindicato del Gas y el Petróleo de Salta y Jujuy, se da a menos de un mes de que la empresa concretara 96 retiros voluntarios, más de 70 de ellos en Salta, y anticipa un escenario aún más crítico para el empleo en la región.
El secretario general Sebastián Barrios fue tajante: “La situación es insostenible”. La pérdida progresiva de volumen de gas y crudo desde hace meses había dejado a la planta funcionando solo seis días al mes. Hoy, con la paralización de las unidades de procesamiento, el fantasma de una nueva ola de despidos deja al borde del colapso a los trabajadores que aún permanecen en la empresa.
Aunque la provincia ya perdió cerca de 3.500 empleos formales en el último año, las autoridades evitan pronunciarse. En marzo, el ministro de Producción Martín de los Ríos había adelantado que Salta “no podía intervenir” frente a los retiros. Hoy, el silencio oficial contrasta con el clamor sindical y el temor creciente en una de las regiones más golpeadas por la desindustrialización del país.
Refinor, que actualmente emplea a unos 300 trabajadores, evalúa activar un Proceso Preventivo de Crisis (PPC), que habilitaría suspensiones por 90 días y despidos con solo el 50% de la indemnización legal. Un escenario que, de concretarse, podría ser devastador no solo para los empleados directos, sino para toda la cadena económica del norte salteño.
Mientras la empresa mantiene un perfil bajo y evita comunicar oficialmente los motivos del cierre, el sindicato alerta que se trata de una estrategia de desmantelamiento progresivo. Desde hace meses, ejecutivos de la compañía ya venían deslizando la posibilidad de reducir aún más la operación, lo que deja expuesta una decisión premeditada de ajuste estructural.
Este nuevo capítulo de crisis en el sector energético no solo refleja el impacto de las políticas de desregulación y retiro estatal, sino también la fragilidad de un modelo productivo que relega al interior profundo a la lógica del descarte. La falta de respuestas concretas desde los gobiernos nacional y provincial refuerza una sensación de abandono que crece junto al desempleo.
