Boca en crisis: tras el papelón en el Mundial de Clubes, se acelera una purga masiva del plantel
El fracaso rotundo de Boca en el Mundial de Clubes 2025 no solo dejó heridas deportivas, sino que activó una reestructuración profunda en el plantel profesional.

El club, que ni siquiera logró vencer a un equipo amateur en la competencia disputada en Estados Unidos, ya planifica una limpieza que marcará el cierre de un ciclo y pondrá a prueba la capacidad dirigencial para reconstruir una estructura futbolística con identidad y ambición.
El primer nombre que encabeza la lista de salidas es el del capitán Marcos Rojo, cuya desvinculación está prácticamente confirmada. Su salida no solo representa el fin de un liderazgo dentro del vestuario, sino también el símbolo de una etapa marcada por frustraciones y rendimientos irregulares. Lejos de ser un caso aislado, Rojo es apenas la punta de un iceberg que incluye referentes, apuestas fallidas y juveniles con destino europeo.
El caso de Sergio Romero parecía sellado, pero la floja actuación de Agustín Marchesín en el torneo internacional podría abrirle una inesperada segunda oportunidad a “Chiquito”, quien hasta ahora no ofreció garantías constantes desde el arco.
La defensa será uno de los sectores más sacudidos. Juan Barinaga, sin minutos tras la eliminación en la Libertadores, Saracchi —de bajo rendimiento y sin respaldo de Miguel Russo—, y Frank Fabra —borrado del equipo hace meses— están en la puerta de salida. En el centro de la zaga, Cristian Lema, ya recuperado de una dura lesión, tampoco volvió a sumar minutos y se perfila para regresar a Belgrano. Su lugar en la consideración fue ocupado incluso por improvisaciones como Rodrigo Battaglia, lo que revela la pérdida de confianza total del cuerpo técnico.
En ofensiva, la situación no es menos preocupante. Lucas Janson, que comenzó el año siendo parte del proyecto de Fernando Gago, se fue desdibujando hasta quedar incluso fuera de convocatorias. La falta de regularidad y su nula incidencia en los partidos importantes lo dejan al margen del nuevo proyecto futbolístico.
A diferencia de los nombres mencionados, las salidas de Exequiel Zeballos y Kevin Zenón responden a una lógica económica más que futbolística. Ambos jugadores están en la vidriera del mercado europeo y la dirigencia pretende capitalizar sus ventas para reforzar las arcas del club. El “Changuito” Zeballos, con una cláusula de 15 millones de dólares, podría emigrar al Sevilla por la mitad, en lo que sería un nuevo capítulo en la política de “liquidación precoz” de talentos locales. Zenón, pretendido por el Porto, podría dejar el club por diez millones, aunque su salida encendería la alarma por la escasez de recambio interno.
Este proceso de limpieza, más que una planificación ordenada, parece una reacción desesperada frente a una crisis que ya no se puede disimular. Boca llega a este punto tras acumular errores deportivos, decisiones erráticas en el mercado de pases y una conducción futbolística sin norte claro. El recambio se impone, pero la pregunta de fondo es si hay una verdadera idea de juego, un proyecto a largo plazo o simplemente una purga motivada por el enojo tras el papelón internacional.
Con un plantel que perderá referentes, experiencia y potencial de reventa, y con un cuerpo técnico todavía en evaluación, Boca se enfrenta a una encrucijada: refundarse o seguir profundizando un ciclo que ya dio todas las señales de agotamiento. El margen de error se achicó. Y el tiempo para improvisar, también.
