Villarruel marca distancia de Milei: «Sin producción nacional, no hay políticas de Gobierno»
La tensión evidencia que el debate sobre el modelo de país —industrial o primarizado, cerrado o abierto— atraviesa incluso a la conducción del Ejecutivo. Y anticipa que, más allá de la agenda parlamentaria, el rumbo económico seguirá siendo el principal eje de disputa dentro y fuera del oficialismo.

La interna en la cúpula del poder sumó un nuevo episodio con alto contenido político. Victoria Villarruel dejó expuesta una diferencia conceptual con el modelo económico que impulsa Javier Milei al reivindicar el proteccionismo industrial y cuestionar la apertura irrestricta de importaciones.
Aunque evitó mencionar al Presidente, su mensaje fue interpretado como una crítica directa al corazón del programa libertario.
La vicepresidenta publicó sus definiciones el mismo día en que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló la mayoría de los aranceles globales establecidos por Donald Trump. Lejos de celebrar el fallo, Villarruel lamentó lo que consideró un revés para las políticas de fortalecimiento productivo en ese país y defendió la lógica de priorizar la industria nacional.
“Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno”, afirmó. La frase condensó una mirada que pone en tensión el paradigma oficial, basado en la desregulación, la apertura comercial y la reducción del rol del Estado como motor económico.
Modelo productivo en disputa
El planteo no es menor: mientras la Casa Rosada sostiene que la competencia externa mejora la eficiencia, reduce precios y ordena la macroeconomía, Villarruel advierte que una liberalización total puede derivar en desindustrialización y dependencia externa, particularmente de China, a la que mencionó explícitamente.
La vicepresidenta cuestionó que la apertura “sólo favorece la dependencia” y planteó una concepción estratégica de desarrollo basada en la producción de bienes y la industria como pilares de soberanía económica. “No debemos conformarnos con ser un país de servicios”, subrayó, en una definición que se aparta del ideario libertario más ortodoxo.
Contexto industrial y señal política
Sus declaraciones se produjeron en un contexto sensible para el entramado productivo, tras el cierre de la planta de Fate en San Fernando y la pérdida de cientos de puestos de trabajo. Ese escenario reactivó el debate sobre el impacto social de la apertura comercial y funcionó como telón de fondo para sus críticas.
Más allá del contenido económico, el mensaje tiene lectura política. La vicepresidenta no sólo expresó una posición doctrinaria distinta, sino que eligió un tema estructural —industria, empleo y dependencia externa— para marcar identidad propia dentro del oficialismo.
En un Gobierno que ha mostrado cohesión en torno al equilibrio fiscal y la desregulación, la intervención de Villarruel introduce una discusión estratégica: si la estabilidad macroeconómica puede sostenerse sin una política activa de desarrollo productivo.
