16 de mayo de 2026

Universidades en crisis: la fuga silenciosa de docentes expone «un plan de destrucción por goteo»

En el Día del Docente Universitario, las universidades nacionales atraviesan uno de los escenarios más delicados de las últimas décadas. Mientras el conflicto salarial y presupuestario se profundiza, crece una señal que alarma a toda la comunidad académica: entre 10 y 12 docentes abandonan cada día el sistema universitario argentino, empujados por ingresos que ya no alcanzan para sostener una vida mínima.

La advertencia fue realizada por Rodrigo Quiroga, doctor en Ciencias Químicas y profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, quien calificó la situación como un “proceso de destrucción por goteo” de la educación superior pública. Según planteó, el ajuste no responde únicamente a restricciones económicas, sino a una decisión política que impacta directamente sobre el funcionamiento de las más de 60 universidades nacionales.

El reclamo volvió a tomar fuerza tras una nueva edición de la Marcha Federal Universitaria, movilización que buscó mantener en agenda el deterioro presupuestario que afecta tanto a las casas de estudio como a los hospitales universitarios. Sin embargo, lejos de encontrar respuestas, docentes y autoridades sostienen que el sistema se acerca a un límite crítico.

La crisis golpea con mayor dureza al interior del país. Mientras gran parte del debate público se concentra en la Universidad de Buenos Aires, en numerosas universidades provinciales comienzan a resentirse carreras, materias específicas y proyectos de investigación debido a la salida de profesionales altamente capacitados que ya no pueden sostenerse con sus salarios.

Actualmente, un Jefe de Trabajos Prácticos con dedicación simple percibe alrededor de 260 mil pesos mensuales, un ingreso que, según denuncian los gremios, resulta insuficiente incluso para cubrir gastos básicos de transporte y alimentación.

Desde la Universidad Nacional del Litoral, el físico y docente Pablo Bolcatto describió el momento como “el peor” de toda su trayectoria académica. Según explicó, cada vez son más frecuentes los casos de profesores e investigadores que recurren a trabajos informales o actividades paralelas para complementar ingresos, en un fenómeno de pluriempleo que avanza sobre el ámbito universitario.

“Muchos terminan manejando Uber o vendiendo comida para poder subsistir”, advirtió el investigador, al tiempo que remarcó que la docencia y la investigación históricamente estuvieron sostenidas por una fuerte vocación de servicio y compromiso con la formación pública.

Pese al desgaste, gran parte del cuerpo docente continúa sosteniendo las actividades académicas con esfuerzo personal, intentando evitar el colapso de un sistema que consideran estratégico para el desarrollo científico, tecnológico y social del país. Sin embargo, el interrogante que atraviesa hoy a las universidades ya no es solo cómo resistir, sino cuánto tiempo más podrán hacerlo sin respuestas concretas del Estado nacional.

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