19 de mayo de 2026

Un Año de Javier Milei: ajustes, represión, despidos y la fragmentación del sindicalismo en Argentina

Este martes 10 de diciembre, el presidente Javier Milei celebra un año en la Casa Rosada, un período marcado por una serie de decisiones económicas que han generado un impacto profundo en el panorama laboral y social del país. En 366 días de gobierno, su plan de ajuste fue calificado de «salvaje», afectando gravemente el empleo y el poder adquisitivo de los trabajadores argentinos.

Desde su llegada al poder, Milei implementó medidas que resultaron en una drástica reducción del empleo formal, con sectores que sufrieron pérdidas de puestos de trabajo superiores a las registradas durante la pandemia de COVID-19.

De acuerdo con datos del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), cada trabajador ha visto reducidos sus ingresos entre $1.000.000 y $3.000.000 desde diciembre de 2023 hasta el presente, con los empleados informales enfrentando una situación aún más crítica.

El panorama es desalentador: en septiembre de 2024, se reportó una contracción real de los haberes del 6,8% en promedio, con sectores como el público y aquellos con menor poder de negociación, como comercio y gastronomía, siendo los más golpeados. La participación de los trabajadores en el ingreso nacional ha disminuido del 46,4% al 43,9% en el último año, mientras que las grandes empresas han visto duplicadas sus tasas de rentabilidad.

Las cifras son alarmantes en el ámbito del empleo. La construcción ha sufrido una devastadora pérdida del 12,9% de puestos de trabajo, mientras que el sector industrial ha visto la desaparición de 126.050 empleos y el cierre de 2.333 empresas en lo que va del año. Las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la columna vertebral de la economía argentina, son las más afectadas, con un 80% de las consultadas reportando caídas en la actividad.

La respuesta del sindicalismo ha sido variada y, en muchos casos, contradictoria. En un principio, la CGT adoptó una postura combativa, convocando a dos paros generales en un intento de frenar el avance de las reformas laborales impulsadas por Milei. Sin embargo, con el tiempo, esa postura se fue diluyendo, dando paso a un enfoque más conciliador que, si bien trajo cierta tranquilidad a las cúpulas gremiales, dejó a los trabajadores con un sabor amargo.

La primera gran movilización tuvo lugar el 24 de enero, con más de 60.000 personas marchando hacia el Congreso en respuesta al decreto 70/2023, que buscaba implementar reformas laborales de manera inconsulta. A pesar de la oposición y la judicialización de las medidas, el gobierno comenzó a ceder ante la presión sindical, estableciendo mesas de diálogo que, aunque prometían, no lograron traducirse en mejoras concretas para los trabajadores.

La fragmentación del sindicalismo se hizo evidente con la división dentro de la CGT. Mientras que algunos sectores optaron por la negociación, otros, liderados por figuras como Pablo Moyano, denunciaron la falta de resultados y se distanciaran de la conducción dialoguista. Paradojalmente, las centrales de trabajadores de la CTA parecen haber encontrado un renovado sentido de unidad, manifestándose en una protesta reciente en Plaza de Mayo.

El año de Javier Milei al frente del gobierno argentino ha sido un campo de batalla donde las políticas de ajuste han dejado una huella profunda en la clase trabajadora, mientras que la respuesta del sindicalismo ha oscilado entre la resistencia y la búsqueda de diálogo.

A medida que el país avanza hacia un nuevo año, queda por ver cómo se desarrollarán las relaciones laborales y si se logrará restablecer un equilibrio que beneficie a todos los sectores de la sociedad. La historia de este año es un recordatorio de que las decisiones económicas tienen un rostro humano, y el desafío para el futuro será encontrar un camino que priorice el bienestar de los trabajadores en un contexto de cambio.

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