Denuncian que casi 160 operarios de Alijor cobran el salario en 8 minicuotas
Cerca de 160 trabajadores denuncian que desde hace meses perciben sus salarios en hasta ocho pagos fragmentados, una modalidad que volvió imposible sostener la economía familiar y profundizó el endeudamiento, los conflictos personales y los problemas de salud entre los empleados.

La situación dentro de la empresa alimenticia Alijor se convirtió en otro reflejo del deterioro laboral que atraviesan numerosos sectores industriales del país.
La firma, conocida por producir tapas de empanadas y tartas de la marca Alijor y panificados para La Salteña, atraviesa un escenario financiero crítico que, según los operarios, terminó trasladándose completamente sobre los trabajadores.
El conflicto no se limita únicamente al retraso salarial. Los empleados aseguran que, para lograr que les paguen parte de sus haberes, muchas veces deben movilizarse desde Garín hasta la vivienda del dueño de la compañía en la Ciudad de Buenos Aires para presionar personalmente y reclamar lo que consideran un derecho básico: cobrar por su trabajo.
Salarios desdoblados y trabajadores al límite
Delegados gremiales del Sindicato de la Alimentación denuncian que hace más de dos años los salarios comenzaron a abonarse en cuotas cada vez más pequeñas. Lo que inicialmente era un esquema dividido en dos pagos terminó derivando, según explican, en depósitos mínimos e irregulares que obligan a los empleados a elegir entre pagar servicios, comprar alimentos, afrontar alquileres o cubrir gastos médicos.
“El salario dejó de alcanzar y también dejó de cobrarse de manera normal”, describen desde la planta, donde aseguran que el endeudamiento con tarjetas de crédito, préstamos y financieras se volvió una constante entre los operarios.
La situación impacta además en el plano emocional y familiar. Según denunciaron los trabajadores, varios empleados atraviesan cuadros de angustia y tratamientos psiquiátricos producto de la incertidumbre permanente y el desgaste económico. También señalaron problemas vinculados al incumplimiento de pagos por cuotas alimentarias y obligaciones familiares.
Falta de insumos y deterioro laboral
Los reclamos también apuntan contra las condiciones de trabajo dentro de la fábrica. Los empleados sostienen que desde hace años no reciben indumentaria adecuada ni elementos básicos de seguridad, como calzado o protectores auditivos. Incluso denuncian la eliminación del comedor que anteriormente brindaba almuerzo y cena según el turno laboral.
A esto se suma, según afirman, el incumplimiento en el pago de vacaciones y recortes arbitrarios de días laborales, en un contexto que describen como de pérdida constante de derechos adquiridos.
Miedo a despidos y amenazas de cierre
Los trabajadores también denuncian presiones y amenazas por parte de la conducción de la empresa. Según relataron, desde la patronal advierten periódicamente con cerrar la fábrica o abandonar el país si continúan los reclamos.
El temor a perder el empleo crece especialmente entre los trabajadores de mayor antigüedad, muchos de ellos con más de tres décadas dentro de la empresa y escasas posibilidades de reinsertarse laboralmente en un mercado cada vez más precarizado.
Además, recuerdan que años atrás la firma desmanteló por completo su área comercial y redujo progresivamente distintas áreas de producción, mientras la situación financiera continuó agravándose.
Una postal del deterioro industrial
Detrás del conflicto de Alijor aparece una problemática más profunda: empresas endeudadas, cuentas embargadas, salarios licuados y trabajadores que sostienen la producción en condiciones cada vez más precarias.
En la planta, aseguran, el clima es de agotamiento y resignación. “La gente trabaja con miedo, tristeza y cansancio”, describen los operarios, mientras exigen cobrar sus salarios de manera regular y recuperar condiciones laborales mínimas.
El caso expone cómo la crisis económica y la fragilidad empresarial terminan descargándose sobre los trabajadores, convertidos en la variable de ajuste de un sistema donde la incertidumbre y la precarización avanzan mucho más rápido que las soluciones.
