Informe: El 87% de los trabajadores informales en barrios populares padece inseguridad alimentaria
La crisis alimentaria en los barrios populares de Argentina no solo es un problema de acceso a la alimentación, sino un reflejo de las desigualdades económicas que perpetúan el sufrimiento de millones de personas. La falta de empleo, el endeudamiento y el aumento de la inseguridad alimentaria son cuestiones que requieren atención urgente por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto. Sin una respuesta efectiva y rápida, la situación podría deteriorarse aún más, dejando a los sectores más vulnerables en una lucha diaria por su supervivencia.

En un contexto de creciente debilidad económica, el movimiento social Barrios de Pie ha revelado datos alarmantes sobre la situación alimentaria de los trabajadores informales en los barrios populares de Argentina. Según un reciente informe, el 87% de estos trabajadores vive en hogares que enfrentan problemas graves de acceso a la alimentación.
La investigación, que estuvo a cargo de Barrios de Pie y liderada por su referente, Daniel Menéndez, subsecretario de Economía Popular del gobierno de la provincia de Buenos Aires, se realizó a partir de encuestas en 16 jurisdicciones del país, incluyendo 15 provincias y la Ciudad de Buenos Aires. En total, se encuestaron a 3.294 hogares, que albergan a 12.658 personas, de las cuales el 38% son menores de edad.
El estudio revela que el 60% de los hogares encuestados sufre de “inseguridad alimentaria severa”. Esto significa que, en el último mes, al menos un miembro del hogar ha dejado de comer durante un día entero por falta de recursos, o ha sentido hambre sin poder alimentarse. Estos datos reflejan el impacto directo de la falta de empleo y la disminución de ingresos en la calidad de vida de los sectores más vulnerables.
Crisis del Empleo Informal
El informe destaca que la situación laboral es crítica. La escasez de “changas” o trabajos temporales, que antes eran una fuente de ingreso habitual, se ha vuelto un problema serio para los trabajadores informales. Las encuestas revelan que el 81% de los hogares encuestados ha reducido su consumo de proteínas en comparación con el año anterior. De aquellos que intentaron compensar esta disminución, el 76% optó por incrementar su ingesta de hidratos de carbono, mientras que solo el 4% reportó un aumento en el consumo de proteínas.
La situación se agrava aún más por el endeudamiento. Un alarmante 74% de los encuestados ha tenido que recurrir a préstamos para poder llegar a fin de mes. Entre estos hogares endeudados, el porcentaje de inseguridad alimentaria se eleva al 97%, lo que pone de manifiesto la interconexión entre la falta de recursos y el hambre.
Impacto en los Más Vulnerables
El informe también arroja luz sobre el impacto que esta crisis alimentaria tiene en los niños. A medida que aumenta la proporción de menores de edad en el hogar, se observa un incremento en el consumo de alimentos de menor calidad nutricional, como cortes de carne altos en grasa. Esto significa que aquellos que deberían estar recibiendo una alimentación adecuada están siendo los más afectados por esta emergencia.
Desde Barrios de Pie, se advierte que la situación es “dramática” y que, a pesar de que se han tomado medidas en los últimos meses, la inseguridad alimentaria se ha estabilizado en niveles alarmantes. La emergencia alimentaria severa afecta a más del 60% de la población encuestada, y el 87% de los hogares enfrenta algún tipo de inseguridad alimentaria.
