24 de mayo de 2026

UATRE denunció salarios de miseria para el campo: estancamiento paritario y desprecio empresarial al trabajo rural

La última propuesta patronal —0% de aumento en junio, 1% en julio y 1% en agosto, más $6.000 no remunerativos para los dos últimos meses— fue rechazada por considerarse un insulto al esfuerzo rural.

La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) encendió la alarma frente al estancamiento de las paritarias del sector rural. La organización denunció que la Mesa de Enlace, que representa a los grandes empleadores del agro, propone cifras “inaceptables” que no contemplan ni remotamente el alza del costo de vida que golpea con crudeza a los trabajadores del campo.

“La situación es crítica. No vamos a aceptar aumentos de miseria mientras nuestros compañeros no pueden cubrir ni la canasta básica”, afirmaron voceros del gremio. Los números son contundentes: el salario mínimo actual del peón general rural se ubica en $828.764, mientras que la línea de pobreza medida por el INDEC para una familia tipo ya supera los $1.100.000. Es decir, incluso con empleo registrado, miles de trabajadores rurales siguen siendo pobres.

Pese a que durante junio se celebraron reuniones en el marco de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA), las negociaciones están estancadas. El próximo encuentro será el jueves 10 de julio, y desde UATRE anticiparon que no cederán en su demanda de una recomposición real y un mecanismo de actualización salarial acorde al contexto inflacionario.

El reclamo gremial también advierte sobre el carácter regresivo de las propuestas patronales, que insisten en montos no remunerativos para evitar cargas sociales, y no reconocen que los principales rubros de gasto (alimentos, transporte, servicios básicos) han aumentado muy por encima de la inflación promedio. La estrategia de la Mesa de Enlace no sólo precariza, sino que posterga el desarrollo humano de un sector que es esencial para la producción nacional.

Lo que hoy se pone en juego no es una cifra puntual, sino un modelo económico que sigue considerando al trabajador rural como mano de obra descartable. En un país donde el campo genera riqueza exportable, los salarios ofrecidos ni siquiera permiten vivir con dignidad. Esta lógica de maximizar rentabilidad a costa del empobrecimiento de quienes sostienen la producción vuelve a demostrar que el conflicto agrario en Argentina no es solo por retenciones o tipos de cambio, sino por la justicia social en el reparto del valor.

La Mesa de Enlace, que muchas veces se presenta como víctima de las políticas públicas, actúa con brutal mezquindad frente a quienes día a día garantizan la producción de alimentos. La oferta salarial de apenas un 2% acumulado en tres meses, en un país con inflación de dos dígitos mensuales, no es solo irrisoria: es una forma de violencia institucional contra los trabajadores del campo.

Capacitación y contrastes:

Mientras tanto, en la provincia de Misiones, la UATRE avanza con acciones concretas de formación y mejora de las condiciones laborales. Junto al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), organizó capacitaciones para 65 trabajadores en Eldorado e Itacaruaré, incluyendo temas como legislación sobre trabajo infantil y buenas prácticas agrícolas. Estas iniciativas muestran un sindicalismo que no solo lucha por salario, sino que apuesta a la profesionalización y el bienestar de los trabajadores.

Pero el contraste es evidente: mientras los empleados rurales se capacitan y responden con compromiso, los empresarios agropecuarios responden con desprecio. La dignidad del trabajo rural exige mucho más que cifras simbólicas. Exige voluntad política, responsabilidad social y una negociación paritaria que no sea solo formal, sino transformadora.

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