6 de agosto de 2026

Tres Arroyos: el colapso empresarial que empuja a mil familias al límite: «No tienen ni para comer»

Con casi mil trabajadores atrapados en una situación de incertidumbre, salarios adeudados y una planta paralizada sin explicaciones claras de la empresa, el caso revela las consecuencias de una gestión empresarial que, hasta el momento, no ofrece respuestas ni garantías sobre el futuro de la actividad.

La profunda crisis que atraviesa Granja Tres Arroyos en su planta de Concepción del Uruguay dejó de ser un conflicto circunscripto al ámbito laboral para convertirse en un problema social de gran magnitud.

Desde hace más de un año, los empleados vienen soportando pagos fragmentados y demoras salariales. Sin embargo, el escenario se agravó drásticamente con el cierre de la planta por tiempo indeterminado, una decisión que dejó a cientos de familias sin ingresos regulares y sin información concreta sobre la continuidad de sus puestos de trabajo.

El secretario general del Sindicato de la Carne, Sergio Vereda, describió un panorama alarmante, marcado por la creciente desesperación de trabajadores que ya no logran cubrir necesidades básicas. Según denunció, existen familias que no pueden afrontar el pago del alquiler, los servicios esenciales ni garantizar la alimentación diaria, una realidad que refleja el deterioro económico y social provocado por la crisis.

La falta de definiciones por parte de la compañía constituye uno de los puntos más cuestionados. Los trabajadores se encontraron con las puertas cerradas y escasa comunicación oficial por parte de los propietarios, la familia De Grazia, mientras continúan acumulándose deudas salariales correspondientes a abril y mayo. A ello se suman audiencias suspendidas y negociaciones inconclusas que, lejos de acercar soluciones, profundizan la incertidumbre.

Pero el impacto excede ampliamente a los empleados directos. La paralización de la actividad afecta a productores avícolas, transportistas, proveedores y pequeños comerciantes vinculados a la cadena productiva. La interrupción en el suministro de alimento para las granjas genera incluso riesgos sanitarios, con aves muriendo en establecimientos que dependen de la operatoria de la empresa. El caso evidencia cómo la caída de un actor central puede desencadenar efectos en cascada sobre toda una economía regional.

Frente a este escenario, el sindicato busca asistencia a través del Gobierno de Entre Ríos y de la Confederación General del Trabajo, promoviendo subsidios y ayuda alimentaria para contener una emergencia que se profundiza día a día. Sin embargo, desde el gremio advierten que estas medidas apenas representan paliativos ante una problemática estructural cuya resolución depende, en última instancia, de que la empresa asuma responsabilidades y presente un plan concreto para reactivar la producción.

La crisis de Granja Tres Arroyos también abre interrogantes sobre los mecanismos de control estatal y la capacidad de anticipar situaciones de deterioro empresarial que terminan trasladando sus costos a los trabajadores y a las comunidades donde operan.

Mientras las negociaciones continúan sin resultados definitivos, Concepción del Uruguay enfrenta una de las mayores crisis laborales de los últimos años, con cientos de familias obligadas a recurrir a trabajos informales para subsistir y un futuro que, por ahora, permanece envuelto en incertidumbre.

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