Sturzenegger adelantó que se perderán 60.000 empleos y propone convertir Tierra del Fuego en “parque de diversiones”
El ministro celebró la eliminación del régimen industrial, admitió una pérdida de 60.000 empleos y planteó una reconversión turística. La reacción fueguina no se hizo esperar: acusan al gobierno de ignorancia territorial y desprecio productivo.

La decisión del gobierno nacional de avanzar en la eliminación del régimen industrial de Tierra del Fuego no solo desató un paro general en las fábricas de la provincia, sino que también provocó una crisis política y social que promete escalar.
El epicentro del conflicto fue una serie de declaraciones del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien celebró públicamente la medida, admitió el impacto negativo en el empleo y propuso como alternativa transformar la isla “en un parque de diversiones mundial”.
Lejos de atenuar los efectos sociales de la decisión, Sturzenegger sorprendió al admitir con liviandad que se perderán hasta 60.000 puestos de trabajo en la isla, justificándolo en nombre de una supuesta eficiencia económica. “El ensamblaje es una actividad de poca mano de obra intensiva”, argumentó. Como contrapartida, propuso orientar la economía fueguina al turismo global, comparando Tierra del Fuego con destinos como Nueva Zelanda, y criticó la presencia de “galpones industriales” en paisajes naturales, que, según él, degradan el entorno.
La respuesta desde la isla fue inmediata y contundente. El intendente de Río Grande, Martín Pérez, cuestionó duramente las declaraciones del ministro, a quien acusó de desconocimiento territorial, desprecio por la producción nacional y de aplicar un modelo excluyente: “Tierra del Fuego NO es ni va a ser un parque de diversiones”, sentenció. Pérez reivindicó el carácter complejo y soberano del territorio, recordando que la provincia no solo tiene recursos turísticos, sino también industriales, energéticos y una geopolítica estratégica vinculada a la Antártida y a las Islas Malvinas.
El cruce de visiones no es menor: mientras el gobierno nacional impulsa un modelo de desindustrialización con énfasis en el mercado global y los servicios, la provincia exige una mirada integral que combine industria, turismo y desarrollo soberano. “¿Por qué tenemos que elegir entre turismo o industria?”, se preguntó el intendente, y alertó sobre la intención de convertir la provincia en una “zona franca para escribir papers”, en alusión a la visión tecnocrática que, acusa, guía las decisiones del actual gobierno.
El componente simbólico también es fuerte. Tierra del Fuego fue durante décadas un emblema de la política de desarrollo del sur argentino y de la ocupación efectiva del territorio. Su régimen industrial fue concebido no solo para generar empleo, sino como una estrategia de soberanía. Al demoler ese esquema sin reemplazo estructural, el gobierno abre un conflicto político que excede la lógica económica.
En paralelo, la UOM convocó a un paro total en las plantas fabriles de Ushuaia, en señal de protesta. La incertidumbre se apodera de miles de trabajadores que temen perder sus fuentes laborales sin que exista una alternativa concreta. La tensión ya se siente en las calles y en el discurso institucional.
Mientras tanto, la Nación guarda silencio frente al conflicto abierto. Si no se generan canales de diálogo o mecanismos de transición, el “paper” de eficiencia podría convertirse en una crisis territorial de gran escala. Y en el medio, una provincia entera queda atrapada entre el idealismo neoliberal y la defensa urgente de sus derechos básicos: empleo, producción y dignidad.
