Córdoba: en un año se perdió casi la misma cantidad de puestos de trabajo que en los dos anteriores
La provincia perdió 6.500 puestos de trabajo privados registrados entre marzo de 2025 y marzo de 2026, una cifra que equivale a casi todo el empleo destruido durante los dos años previos, cuando se habían eliminado 8.300 puestos.

El mercado laboral cordobés atraviesa una etapa de creciente fragilidad y los últimos datos oficiales muestran que la destrucción de empleo formal no solo continúa, sino que se intensificó durante el último año.
Las estadísticas de la Secretaría de Trabajo de la Nación reflejan un deterioro sostenido del empleo registrado. En marzo de 2023 Córdoba contaba con alrededor de 530.000 trabajadores formales en el sector privado; tres años después la cifra descendió a 515.200, lo que representa una pérdida acumulada de 14.800 empleos.
Más allá del dato cuantitativo, el informe pone de relieve un cambio de tendencia preocupante: la velocidad con la que desaparecen los puestos de trabajo aumentó significativamente. La caída interanual del 1,3% evidencia que la desaceleración económica comienza a impactar con mayor fuerza sobre sectores históricamente responsables de la generación de empleo en la provincia.
La industria manufacturera, la construcción y el comercio aparecen entre las actividades más afectadas. Se trata de rubros que durante décadas funcionaron como el principal motor del empleo urbano cordobés, pero que hoy enfrentan una combinación de menor consumo, reducción de la inversión y caída de la actividad productiva.
A diferencia de otras provincias donde la minería o la explotación energética amortiguan parte de la desaceleración económica, Córdoba depende en gran medida de sectores vinculados a la producción industrial y al mercado interno. Aunque el agro mantiene un peso relevante en la economía provincial, su capacidad para compensar la pérdida de empleo en los grandes centros urbanos resulta limitada.
El fenómeno tampoco se restringe al territorio cordobés. A nivel nacional, desde el inicio de la actual gestión económica se perdieron más de 216.000 empleos privados registrados, lo que representa una contracción del 3,4% del trabajo formal en las empresas argentinas.
Sin embargo, el aspecto más significativo del escenario laboral no es únicamente la destrucción de puestos registrados, sino la calidad del empleo que surge como reemplazo. Mientras disminuyen las relaciones laborales bajo convenio, aumenta el número de personas inscriptas como monotributistas. En el mismo período se incorporaron más de 165.000 nuevos contribuyentes a ese régimen, una tendencia que muchos especialistas interpretan como un desplazamiento hacia formas de trabajo más precarias, con menores niveles de protección social y estabilidad.
Esa transformación del mercado laboral también se refleja en el crecimiento de la informalidad. Estudios del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) indican que el empleo no registrado ya alcanza al 44,2% de los trabajadores, un porcentaje que continúa en ascenso y evidencia las dificultades para generar empleo formal de calidad.
Los datos exponen una realidad que va más allá de la coyuntura estadística. La pérdida de puestos registrados, sumada al avance de modalidades laborales más inestables, plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía para sostener el empleo en actividades de alto valor agregado.
