7 de septiembre de 2026

Santángelo advirtió que el Estado llegó tarde al problema de la morosidad y reclamó más pesos para reactivar el consumo

Según el economista, el problema no surgió recientemente, sino que comenzó a gestarse a fines del año pasado, cuando las elevadas tasas de interés deterioraron la capacidad de pago de hogares y empresas.

Foto: Agencia NA

El economista Rodolfo Santángelo sostuvo que el Gobierno perdió la oportunidad de intervenir a tiempo frente al aumento de la morosidad de los deudores privados y advirtió que cualquier medida adoptada en este momento podría generar efectos contraproducentes sobre quienes cumplen regularmente con sus obligaciones.

En su opinión, la falta de una respuesta temprana permitió que la situación se extendiera hasta convertirse en un fenómeno instalado en la agenda pública.

Santángelo consideró que una intervención estatal a esta altura presenta dificultades adicionales. Si se establecieran beneficios específicos para quienes mantienen deudas impagas, explicó, podría generarse un incentivo para que otros deudores dejen de cumplir con sus compromisos, afectando el funcionamiento del sistema financiero y provocando un efecto de contagio en la morosidad.

El economista también cuestionó las propuestas impulsadas desde sectores de la oposición para que el Estado absorba parte de las deudas. A su criterio, el nivel de morosidad existente no representa por sí mismo una amenaza grave para la solvencia del sistema bancario, que tendría capacidad para absorber determinadas pérdidas.

El problema central, sostuvo, está en la demora de las autoridades y en la ausencia de una respuesta técnica durante los últimos meses.

En ese sentido, planteó que la discusión no debería trasladarse exclusivamente al Congreso, debido a que se trata de un fenómeno que requiere herramientas monetarias y financieras específicas, vinculadas principalmente con la política del Banco Central.

Una recuperación económica que no llega al consumo

Más allá del problema de la deuda, Santángelo puso el foco en una cuestión que considera todavía más relevante: la recuperación de la economía continúa siendo débil y profundamente desigual.

El economista estimó que el crecimiento promedio ronda apenas el 2%, aunque detrás de ese número existen realidades muy diferentes. Mientras una parte de la economía atraviesa una fuerte expansión, otros sectores permanecen estancados o directamente registran una caída significativa.

El consumo aparece, según su diagnóstico, como uno de los principales puntos débiles. La falta de recuperación del poder de compra repercute especialmente sobre actividades como el comercio, la industria y la construcción, sectores cuya evolución depende en buena medida de la demanda interna.

Desde esta perspectiva, el principal desafío de la política económica no consiste en elegir entre reducir la inflación o impulsar la actividad, sino en conseguir ambas metas simultáneamente. Santángelo planteó que la estrategia debería combinar la continuidad del proceso de desinflación con medidas capaces de generar una recuperación efectiva de la economía real.

Uno de los puntos centrales de su análisis fue el funcionamiento del esquema bimonetario. Santángelo consideró que la creciente disponibilidad de dólares representa un aspecto positivo, pero advirtió que existe una contracara menos visible: la economía continúa operando con una cantidad insuficiente de pesos.

A su entender, esa escasez de moneda doméstica limita la capacidad de recuperación del consumo y dificulta una reactivación más amplia. La economía todavía no habría logrado recomponer los niveles de monetización necesarios para acompañar el crecimiento de la actividad.

El planteo introduce así una tensión dentro del actual programa económico: mientras el Gobierno busca preservar el equilibrio fiscal y mantener bajo control la emisión monetaria, una liquidez demasiado restringida puede terminar debilitando la demanda interna y prolongando el estancamiento de sectores importantes.

Santángelo defendió la necesidad de mantener la disciplina fiscal y evitar un deterioro del superávit, especialmente en un contexto de menores ingresos tributarios. Sin embargo, sostuvo que el rigor fiscal no debería impedir una política monetaria que permita aumentar gradualmente la liquidez disponible.

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