Salarios rurales por debajo de la canasta básica: la negociación paritaria sigue estancada
Este enfrentamiento por una mejora salarial justa pone en evidencia un modelo económico que sigue privilegiando los intereses de las grandes corporaciones agropecuarias sobre el bienestar de aquellos que sostienen con su esfuerzo y trabajo el corazón de la producción argentina.

La paritaria de los trabajadores rurales atraviesa un clima de tensión, con un irrisorio ofrecimiento por parte de las entidades agropecuarias que ha generado malestar y rechazo en el gremio de los peones rurales.
A pesar de los altos costos de vida, las entidades patronales presentaron una oferta de aumento salarial del 0% para marzo, seguida de un incremento del 1,7% en abril y otro 1,7% en mayo. Esta propuesta fue rechazada de inmediato por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), que, a través de su secretario general José Voytenco, solicitó una mejora acumulada del 9% en tres tramos.
La diferencia entre las expectativas del gremio y la oferta de los empresarios no solo refleja una falta de acuerdo, sino también una gran desconexión entre la realidad de los trabajadores rurales y las propuestas que intentan imponerles las entidades agropecuarias. Según los datos más recientes del INDEC, el salario de un trabajador rural sigue por debajo de la línea de la canasta básica total, que para febrero de 2025 fue de $1.057.923,42, monto necesario para que una familia tipo no sea considerada pobre. Sin embargo, los sueldos básicos acordados en noviembre de 2024, como el salario de $773.254,2 en febrero, siguen estando muy por debajo de esta cifra.
El último acuerdo paritario, firmado en noviembre de 2024, había establecido un salario base que en ese momento parecía ajustarse a las necesidades mínimas, pero la inflación y el aumento de la canasta básica han dejado rápidamente atrás esos aumentos. A pesar de la gravedad de la situación, las entidades agropecuarias siguen insistiendo con propuestas mínimas que no reflejan la realidad económica que atraviesan los trabajadores rurales.
El 0% de aumento propuesto para marzo es un golpe directo al poder adquisitivo de los trabajadores del campo, que ya venían luchando para cubrir los costos básicos de sus hogares. Con la inflación galopante y el aumento de los precios de los productos de consumo diario, un incremento de 0% para el mes de marzo es calificado como insuficiente e irresponsable. Las negociaciones se mantienen en un cuarto intermedio y se espera que la nueva reunión del 3 de abril sea clave para definir el futuro de los salarios en el sector.
El sindicato UATRE no solo rechaza el aumento propuesto, sino que también exige que los aumentos sean acordes a la inflación real y a las necesidades de los trabajadores. «Los peones rurales no podemos seguir con sueldos que nos condenan a la pobreza», señalaron desde el gremio, destacando que no es solo una cuestión de aumentos salariales, sino de dignidad laboral.
Mientras tanto, la situación en el sector rural se torna cada vez más crítica. Los trabajadores, que desempeñan tareas esenciales en la producción de alimentos y el desarrollo del campo, siguen siendo los más perjudicados por la falta de reconocimiento de sus derechos. La continua desaceleración en las negociaciones y las propuestas escasas de aumento evidencian la poca voluntad de las entidades patronales por mejorar las condiciones salariales de los trabajadores rurales.
