5 de mayo de 2026

Salarios: al 90% de los hogares argentinos les quedan menos de $60.000 diarios tras cubrir gastos esenciales

Lejos de tratarse de una situación transitoria, los datos sugieren un cambio estructural en la economía doméstica argentina, donde los ingresos corren sistemáticamente por detrás del costo de vida. El resultado es una sociedad con menor capacidad de respuesta, más desigual y crecientemente condicionada por gastos que dejan poco margen para sostener niveles de bienestar mínimos.

Un reciente informe del Grupo Atenas expone un deterioro sostenido en la capacidad económica de las familias argentinas: hoy, cerca del 90% de los hogares cuenta con menos de $60.000 diarios disponibles una vez afrontados los gastos fijos.

El dato refleja un cambio profundo en la estructura del ingreso, donde el peso de rubros como vivienda, servicios, transporte, salud y educación consume una porción cada vez mayor del presupuesto.

El estudio señala que el ingreso “libre” —es decir, el que queda tras cubrir obligaciones básicas— cayó del 53% del total en 2015 al 36% en la actualidad. Esta reducción no responde a un único período, sino a un proceso acumulativo que atravesó distintas gestiones y que evidencia una pérdida persistente del poder adquisitivo.

En términos concretos, un hogar tipo de ingresos medios, con tres integrantes, percibe alrededor de $1,2 millones mensuales, pero tras pagar gastos fijos dispone de poco más de $26.000 diarios. Traducido por persona, el margen se reduce a cifras que apenas alcanzan para consumos básicos. De hecho, una compra cotidiana de alimentos —como carne, pan, frutas y bebidas— prácticamente agota ese ingreso disponible, lo que obliga a recortes constantes y limita cualquier posibilidad de ahorro o consumo no esencial.

La desigualdad también se profundiza en este esquema. Mientras los sectores de mayores ingresos cuentan con más de $100.000 diarios libres, los hogares más vulnerables apenas superan los $7.000. La brecha entre ambos extremos ya alcanza niveles críticos, con diferencias que multiplican por más de diez la capacidad de consumo.

El panorama es aún más delicado en los sectores más bajos: una parte significativa de la población dispone de ingresos diarios inferiores al costo de un kilo de carne, un indicador que sintetiza la magnitud de la restricción económica. En este contexto, el ajuste no solo impacta en el consumo, sino también en la calidad de vida, restringiendo el acceso a bienes básicos y profundizando la fragilidad social.

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