23 de julio de 2026

Después de 88 años, cae la última fábrica nacional de aisladores eléctricos y crece la dependencia externa

La desaparición de FAPA no solo implica la pérdida de una firma histórica, sino también de una capacidad productiva estratégica. La decisión oficial de abrir aún más las importaciones aparece como una solución de corto plazo para sostener el suministro, pero al mismo tiempo consolida un escenario de dependencia externa en un área sensible para el desarrollo energético del país.

Tras casi nueve décadas de actividad, la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (FAPA) bajó definitivamente sus persianas en Monte Grande y avanzó con la liquidación total de su planta, incluyendo el remate de su maquinaria. Para sus trabajadores, la decisión no tiene retorno y marca el fin de un actor clave en la industria eléctrica nacional.

FAPA no era una empresa más: se trataba del único fabricante local de aisladores de porcelana, piezas esenciales para garantizar la seguridad y eficiencia del sistema eléctrico al evitar pérdidas de energía. De acuerdo con datos sectoriales, la firma abastecía la totalidad de la producción nacional y cerca del 70% de la demanda interna, lo que dimensiona el vacío que deja su desaparición.

Fundada en 1938 por los hermanos Armanino, la compañía atravesó distintas etapas de la historia industrial argentina. Nacida en el rubro de artículos para hotelería, reconvirtió su producción hacia la porcelana eléctrica durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el corte de importaciones obligó a sustituir productos del exterior. Durante décadas, se consolidó como un proveedor estratégico, destacando su perfil de fabricante nacional con servicio técnico y posventa.

El cierre de la planta expone ahora una fragilidad estructural: la red eléctrica argentina dependerá por completo de insumos importados, principalmente de China, Brasil y Colombia. En ese contexto, el Gobierno decidió suspender por seis meses los aranceles antidumping para facilitar el ingreso de estos productos, bajo el argumento de evitar riesgos en la continuidad del servicio eléctrico. La medida, sin embargo, también refleja la ausencia de alternativas locales tras la caída de FAPA.

El deterioro de la empresa no fue abrupto, sino parte de un proceso más amplio de contracción industrial. En los últimos meses, buena parte del sector electromecánico registró caídas significativas en su producción, en medio de un escenario recesivo que golpeó con fuerza a la industria nacional.

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