Mar del Plata y el modelo económico: ya registra 17 meses consecutivos de destrucción de empleo
La persistencia de estos indicadores abre interrogantes sobre la capacidad de recuperación en el corto plazo y sobre el costo social de una dinámica que, lejos de revertirse, continúa profundizándose.

El deterioro del mercado laboral en Mar del Plata dejó de ser un dato coyuntural para consolidarse como una tendencia estructural. Con 17 meses consecutivos de caída en el empleo registrado, la ciudad atraviesa una crisis que remite a los peores momentos de la pandemia, aunque esta vez sin un shock sanitario que la explique, sino enmarcada en el actual esquema económico.
Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata advierte que el proceso se inició a mediados de 2024, cuando comenzó a frenarse la generación de puestos de trabajo. Desde marzo de 2025, esa desaceleración se transformó directamente en destrucción de empleo formal, afectando incluso a empresas medianas y grandes.
El impacto es transversal, aunque algunos sectores muestran un deterioro más pronunciado. La construcción encabeza las pérdidas con una contracción superior al 8%, alcanzando su nivel más bajo en casi una década. La industria manufacturera y las actividades vinculadas al transporte y las comunicaciones también registran caídas significativas. Incluso el comercio, la gastronomía y el turismo —históricamente motores de la economía local— comenzaron a evidenciar retrocesos en sus plantillas.
Uno de los datos más sensibles es el aumento de despidos sin causa, que ya supera los niveles previos a 2019. Este fenómeno, junto con la caída generalizada del empleo en casi todas las ramas, configura un escenario que no se observaba desde la crisis sanitaria global, pero que ahora responde a factores económicos internos.
En paralelo, crecen formas de contratación más inestables. Los contratos temporales aparecen como una salida parcial frente a la pérdida de empleo, aunque con alta rotación y sin capacidad de reemplazar puestos de trabajo de calidad. Esta precarización se combina con un aumento del desempleo, que alcanza al 9,5% de la población activa, es decir, unas 33.000 personas.
Paradójicamente, también se registra un leve incremento en la tasa de empleo, explicado no por una mejora del mercado laboral, sino por la necesidad de más integrantes del hogar de salir a trabajar ante la caída de ingresos. Este fenómeno, conocido como “trabajador adicional”, suele traducirse en inserciones informales y de baja calidad.
La subocupación, por su parte, refleja otra cara de la crisis: más de 40.000 personas trabajan menos horas de las que necesitan, en un contexto donde el desaliento frente a la falta de oportunidades comienza a ganar terreno.
Así, Mar del Plata vuelve a ubicarse entre las ciudades con mayor desempleo del país, evidenciando que el actual modelo económico no logra sostener el nivel de actividad ni el empleo en uno de los principales centros urbanos de la provincia de Buenos Aires.
