11 de mayo de 2026

Rusia reafirmó su compromiso con Venezuela a pesar del cambio de postura de Delcy Rodríguez hacia EE.UU.

A pesar de los profundos cambios políticos en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro y su arresto por EE.UU., el Kremlin aseguró el lunes que sus relaciones con Caracas permanecen sólidas y activas, resaltando la relevancia de esta alianza en un panorama internacional cada vez más dividido.

Rusia confirma su intención de mantener estrechos vínculos con Venezuela, incluso tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, en medio de transformaciones políticas en Caracas, reajustes en la geopolítica mundial y una relación estratégica centrada en intereses energéticos y en la cautela frente a Washington.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que Moscú mantiene canales de comunicación constantes con el nuevo gobierno venezolano, liderado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, incluso en un contexto donde Caracas ha tenido que ajustarse a las directrices de la Administración de Donald Trump.

No obstante, el actual escenario geopolítico ha puesto a prueba la relación entre Caracas y Moscú. La operación militar estadounidense en Venezuela a principios de 2026, que llevó a la captura de Maduro, ha obligado a Rusia a equilibrar su discurso, que ha sido más crítico hacia Washington, con una postura práctica para evitar un enfrentamiento directo con Estados Unidos.

El presidente ruso, Vladimir Putin, no ha hecho declaraciones públicas directas sobre la captura de Maduro; en cambio, fue el Ministerio de Exteriores ruso quien emitió una declaración oficial condenando la acción de EE.UU., calificándola de “agresión”.

Una sólida relación energética y económica

Esta respuesta moderada responde a una estrategia más amplia de Rusia: priorizar sus intereses en Europa y Asia, especialmente en la guerra en Ucrania, y evitar abrir nuevos frentes de conflicto con Washington, alejándose de su área de influencia tradicional.

Además de la diplomacia, la relación entre Moscú y Caracas tiene una fuerte base en el ámbito energético y económico. Antes de la captura de Maduro, ambos países firmaron acuerdos de cooperación en energía a largo plazo y mantenían alianzas petroleras, incluyendo contratos de producción compartida con la estatal venezolana PDVSA.

Esta colaboración ha sido parte de la estrategia de Rusia para ampliar su influencia en mercados energéticos y fortalecer alianzas con productores de petróleo fuera de su zona habitual de influencia.

Históricamente, los vínculos entre ambos países también incluyen asistencia militar, préstamos y cooperación técnica en diversos sectores, aunque ninguno de estos compromisos impidió la operación que capturó a Maduro por parte de Estados Unidos.

En este contexto, la relación entre Rusia y Venezuela no se ha roto, pero sí se encuentra en un escenario más complejo: Moscú busca mantener su presencia diplomática y energética en Caracas, sin provocar un enfrentamiento directo con Washington, mientras Venezuela ajusta su política energética y de alianzas en un nuevo equilibrio regional.

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