Renuncia aceptada: el caso del juez Bailaque revela las grietas del sistema judicial frente al narcotráfico
Bailaque, que comandaba el Juzgado Federal N°4 de Rosario, se retira con una jubilación de privilegio pese a estar acusado de mantener vínculos con el narcotráfico, encabezar causas extorsivas y manipular recursos de una cooperativa portuaria.

La aceptación de la renuncia del juez federal Marcelo Martín Bailaque, firmada por el presidente Javier Milei y formalizada por decreto, expone una vez más las profundas debilidades del sistema judicial argentino para depurar a magistrados sospechados de corrupción.
Este retiro “voluntario” se produce mientras el Consejo de la Magistratura llevaba adelante un proceso de remoción en su contra, impulsado por fiscales y legisladores que venían advirtiendo sobre su presunta connivencia con el narcotraficante Esteban Lindor Alvarado, condenado en 2022 por homicidio y asociación ilícita. Al aceptar la renuncia, el Poder Ejecutivo desactiva el juicio político, allanándole el camino a Bailaque para jubilarse con haberes completos, aunque pierde los fueros que hasta ahora le ofrecían protección ante posibles avances judiciales.
La diputada provincial Lionella Cattalini, una de las denunciantes, cuestionó la decisión con dureza: “Hoy se retira tranquilo, con jubilación de privilegio, gracias a la complicidad de quienes prometieron terminar con la casta”. La frase apunta directamente al discurso de Milei, que en campaña había asegurado barrer con los privilegios del poder, promesa que choca con el caso Bailaque y alimenta las sospechas de pactos de impunidad dentro de la corporación judicial.
El trasfondo de esta historia es todavía más inquietante: Rosario es el epicentro de una crisis de violencia narco sin precedentes, y la figura de Bailaque aparece asociada a omisiones judiciales graves, como la falta de habilitación de pruebas decisivas contra Alvarado casi diez años atrás. Aunque el magistrado se defendió ante la Comisión de Acusación, argumentando que su juzgado autorizó la mayoría de las escuchas solicitadas, el contexto de impunidad estructural y la permisividad ante redes criminales genera un mensaje peligroso para la sociedad.
En un momento donde la ciudadanía reclama justicia eficaz para frenar el narcotráfico y proteger a los más vulnerables, la aceptación de la renuncia de un juez bajo sospecha no hace más que profundizar el descrédito sobre la Justicia y su connivencia con el poder político. El retiro privilegiado de Bailaque exhibe un sistema incapaz de sancionar a fondo a quienes incumplen su función, perpetuando la desconfianza y dejando un sabor amargo en medio de una batalla contra el crimen organizado que Rosario, y la Argentina entera, no pueden permitirse perder.
