8 de junio de 2026

Más de 100.000 usuarios sin luz durante la ola polar: un golpe a la infraestructura y a la gestión energética

Hacia las 21.50, el Ente Nacional Regulador de Energía (ENRE) reportó el pico máximo de interrupciones, afectando tanto a Edenor como a Edesur, y generando un escenario crítico para miles de familias que enfrentan temperaturas bajo cero sin calefacción ni posibilidades mínimas de confort.

Ph: C5N

En plena ola polar que azota al Área Metropolitana de Buenos Aires, más de 100.000 usuarios sufrieron cortes de luz en la noche del lunes, dejando en evidencia las falencias de un sistema energético que vuelve a crujir cada vez que se lo pone a prueba.

La emergencia no terminó con la noche: en la mañana del martes aún persistían alrededor de 20.000 usuarios sin suministro eléctrico, profundizando la angustia y la indignación. Los barrios porteños de Villa Real, Versalles, Parque Chacabuco, San Nicolás, Constitución, Pompeya, Soldati y Villa Lugano, entre otros, padecieron apagones que se extendieron durante horas. Lo mismo ocurrió en el conurbano bonaerense, donde localidades como Monte Chingolo, Berazategui, Ranelagh, Florencio Varela, Adrogué, Monte Grande, Llavallol, San Martín, Moreno, San Miguel, Tortuguitas, San Fernando y San Isidro quedaron a merced del frío extremo.

La situación no puede leerse solo como un problema puntual: es la consecuencia de años de desinversión, controles laxos y falta de planificación. El sistema eléctrico vuelve a colapsar en un contexto climático adverso, sin ofrecer garantías mínimas a la población. A ello se suma la sensación térmica bajo cero en buena parte de la Ciudad y el Gran Buenos Aires, lo que convierte a estos cortes en un verdadero riesgo para la salud, sobre todo de personas mayores, niños y sectores vulnerables.

El Estado, a través del ENRE, anunció que monitorea a las empresas, pero las respuestas concretas y las soluciones estructurales siguen sin aparecer. La población se ve obligada a soportar cada invierno —y cada verano— la misma secuencia de excusas y reparaciones provisorias, mientras paga tarifas que deberían garantizar un servicio estable.

En definitiva, la falta de suministro eléctrico en medio de temperaturas extremas no solo es un problema técnico: es una muestra de cómo las deficiencias de gestión y la precariedad de las inversiones energéticas golpean a la sociedad de forma desigual y cruel. Una postal repetida que, sin cambios de fondo, amenaza con volverse cada vez más frecuente.

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