Para los jóvenes más vulnerables, acceder a un empleo formal vale más que ganar un mejor sueldo
Un estudio reveló que la estabilidad, la capacitación y las posibilidades de crecimiento pesan más que un salario más alto. Sin embargo, solo una mínima parte logra ingresar al mercado laboral registrado.

En un contexto de alta precarización laboral y escasas oportunidades de inserción, un estudio volvió a poner en evidencia que las prioridades de los jóvenes de sectores vulnerables difieren de uno de los principales mitos del mercado de trabajo.
Lejos de elegir únicamente el salario más alto, la mayoría privilegia acceder a un empleo formal que le permita construir un futuro laboral, incluso si eso implica viajar más tiempo, cumplir horarios estrictos o percibir un ingreso menor.
La conclusión surge de un informe elaborado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), impulsado por la Fundación Empujar, que entrevistó a 636 jóvenes de entre 18 y 26 años entre octubre y diciembre del año pasado para conocer qué factores influyen al momento de aceptar una oferta de trabajo.
Los resultados muestran que seis de cada diez jóvenes optan por un empleo registrado con posibilidades de acompañamiento y aprendizaje antes que por un trabajo informal que paga un 15% más y queda cerca de su hogar. El dato expone que la estabilidad laboral y las oportunidades de crecimiento tienen un peso determinante en la toma de decisiones, incluso por encima de una mejora inmediata en los ingresos.
El informe también revela que cuando una propuesta reúne condiciones como formalidad, capacitación, cercanía y cierta flexibilidad, prácticamente no tiene competencia: el 99% de los consultados la elige frente a alternativas informales mejor remuneradas.
Detrás de esa preferencia aparece una lógica que trasciende la necesidad económica del presente. Los investigadores sostienen que estos jóvenes consideran al primer empleo formal como una puerta de entrada para adquirir experiencia, acceder a derechos laborales y construir un recorrido profesional que les permita mejorar sus perspectivas a largo plazo.
En ese sentido, la capacitación surge como uno de los principales incentivos. El estudio concluye que la posibilidad de aprender nuevas habilidades puede compensar jornadas extensas o largos tiempos de traslado, porque representa una inversión en el futuro laboral más que un beneficio inmediato.
Los datos también permiten medir cuánto pesa cada variable en la decisión. Para que un joven prefiera un empleo informal por encima de uno registrado, el salario debería ser al menos un 29% superior, mientras que aceptar horarios rígidos solo resulta razonable si existe una compensación cercana al 18% adicional.
Sin embargo, la investigación deja al descubierto una fuerte contradicción entre las aspiraciones de estos jóvenes y las posibilidades reales de acceder al mercado laboral formal. Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), apenas tres de cada cien jóvenes provenientes de hogares en situación de pobreza extrema consiguen un empleo registrado.
La brecha entre lo que buscan y lo que efectivamente encuentran refleja uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino. Mientras miles de jóvenes consideran que la formalidad representa una oportunidad para salir de la vulnerabilidad, la falta de empleo registrado limita esas posibilidades y termina consolidando circuitos de informalidad que dificultan la movilidad social y el desarrollo profesional.
Más que una elección entre salario o estabilidad, el informe muestra que existe una generación que apuesta por construir un proyecto laboral de largo plazo, aunque las condiciones económicas y la escasez de empleo formal reduzcan significativamente las oportunidades para concretarlo.
