18 de mayo de 2026

Murió Antonio Baseotto, un obispo que hizo de la controversia su mayor virtud pastoral

El ex obispo de la Diócesis de Añatuya en los ´90, falleció ayer lunes a los 93 años. Dejó un sacerdocio marcado por la polémica. Su oposición a la interrupción voluntaria del embarazo. La frase bíblica que recordó los vuelos de la muerte ordenados por Massera. Fue acusado de ser cómplice de la Dictadura Cívica Militar. Sus declaraciones antisemitas, sus ataques al Islam y un pedido de perdón en su testimonio espiritual.

El obispo emérito castrense fue hallado sin vida en una habitación de su departamento de Buenos Aires. Su deceso, y por las circunstancias del mismo, debe ser sometido a trámites administrativos y procedimientos legales antes de que su cuerpo sea entregado a sus familiares para el velatorio y sepultura.

El monseñor Santiago Olivera, actual obispo castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, rubricó un comunicado dirigido a la comunidad diocesana donde informó que, una vez concluidos los trámites correspondientes, se dará a conocer el día y la hora de la misa exequial en la catedral castrense Stella Maris, del barrio porteño de Retiro.

Sacerdote conservador y sus vínculos con la Dictadura

Conservador en su ministerio, Antonio Baseotto celebraba Santa Misa todos los domingos en la Iglesia Nuestra Señora de las Victorias perteneciente a los Padres Redentoristas, comunidad a la que pertenecía y es recordado porque sirvió en la diócesis de Añatuya en la década de los ´80.

En 1991, el papa Juan Pablo II lo nombró Obispo Coadjutor de esa diócesis, quedando al mando de la misma cuando el 21 de diciembre de 1992, Jorge Gottau se retiró del cargo y Baseotto quedó automáticamente al frente de esa comunidad, sin necesidad de otro nombramiento.

Se dice que sus vínculos con la dictadura militar eran sólidos, ya que durante una visita a Buenos Aires entabló lazos de amistad con Emilio Massera. Incluso habría bautizado a una sobrina del Almirante y con llegada del jefe militar al poder se fue configurando como una figura central en la disputa política de nuestro país, lo cual se profundizó durante la primera etapa del retorno de la democracia y su postura trascendió las fronteras nacionales durante el gobierno de Néstor Kirchner, al cual se opuso.

En 2004 justificó la eliminación de opositores políticos, metodología sistemática llevada a cabo por la dictadura al considerar que “la guerra es guerra y en la guerra es imposible evitar los excesos”, palabras que generaron un fuerte rechazo en la sociedad.

Además, redobló su apuesta cuando evocó los «vuelos de la muerte» de la dictadura, y desató una crisis diplomática entre Argentina y el Vaticano.

Sugirió arrojar al mar a un ministro

Por entonces, la controversia lo tuvo como protagonista cuando Baseotto, en respuesta a una campaña de prevención del VIH y la promoción de la interrupción voluntaria del embarazo por parte del Ministerio de Salud de la Nación, envió una carta durísima al ministro de salud Ginés González García.

En ella lo acusó de «apología del homicidio» y, utilizó una cita bíblica, expresada por el mismísimo Jesús, donde sugirió que el ministro merecía ser arrojado al mar con una piedra atada al cuello, lo que fue interpretado como una clara alusión a los métodos de desaparición forzada que ejecutaron los Grupos de Tareas bajo las órdenes del represor condenado por delitos de Lesa Humanidad, Emilio Eduardo Massera durante la Dictadura Militar.

La reacción del gobierno fue inmediata y calificó las palabras de Baseotto como una provocación, razón por la cual exigió su remoción a través de una queja diplomática al Vaticano. Las organizaciones de Derechos Humanos y diversos sectores de la sociedad civil se sumaron al repudio, mientras que grupos ultraconservadores y filonazis salieron a la calle a expresar su apoyo al obispo.

El entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, tuvo que intervenir para aplacar los ánimos y aclarar que la designación de obispos era competencia exclusiva del Papa. Baseotto, fue finalmente apartado de la escena y, en 2007, Benedicto XVI aceptó su renuncia por haber cumplido 75 años, aunque continuó desde entonces como obispo emérito castrense.

Además de la controversia con el ministro de salud, Baseotto también fue acusado de complicidad, conjuntamente con parte de la Jerarquía eclesiástica, con el proceder de la última Dictadura. Testimonios de ex detenidos políticos lo habrían mencionado como presunto colaborador en una operación mediante el Obispado le cedía a la Armada Argentina los terrenos de una isla del Delta, donde funcionó un Centro de Detención Clandestino.

Antisemitismo y ataques al Islam

Por su parte, también se le atribuyeron declaraciones antisemitas y ataques al Islam, lo que generó un amplio rechazo, tanto en nuestro país como en el exterior.

Asimismo, durante un programa en la televisión habló de los practicantes de la religión judía en duros términos: “la mayoría de los judíos argentinos son muy devotos, tienen muchos valores y a menudo muchos principios morales pero sólo para las grandes empresas: si la pornografía es un buen negocio, el judío vende pornografía, si las drogas son un buen negocio, el judío vende drogas”, aseguró y amplió sus propios conceptos: “la difusión de la cultura está en manos de los judíos que destruyen los cimientos de la civilización y la cultura nacional”.

Estas declaraciones lo pusieron en el centro de una controversia nacional que el mismo Baseotto se encargó de profundizar cuando descalificó al Islam con conceptos similares a los utilizados contra los judíos al decir que los problemas de Europa son el Islamismo y el haber dejado la fe cristiana: “en una Europa desdibujada en su identidad, que ha renunciado a sus raíces cristianas, el fenómeno musulmán produce un tembladeral y la lleva a una agonía inexorable, a un colapso como pueblo”, había declarado.

«Me abandono en manos de su misericordia infinita»

En su testamento espiritual, dado a conocer por el obispado castrense, Baseotto pidió perdón por sus acciones: «Dejo constancia de que nunca me movió un motivo de resentimiento o malas intenciones con personas. Si alguien lo ha sentido así, o como injusticia, le pido honestamente perdón”, refiere y se encomendó “a la misericordia infinita” expresando estar preparado para el encuentro con Dios en el cielo: “Quiero decirle a Dios con tranquilidad: perdona mis ofensas, como perdono a los que me han ofendido»

Por último, expresa no haber «dado todo lo que mi responsabilidad de pastor me exigía» y finaliza: «Dejo constancia de que en esta Fe quiero vivir y morir».

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