Mientras el Gobierno festeja índices, Mar del Plata padece más de 100 despidos en la pesca
Mientras el Gobierno nacional exhibe números de crecimiento y habla de una recuperación en marcha, la situación concreta en territorios productivos como Mar del Plata muestra una realidad mucho más sombría.

Según denunció el concejal del Frente Renovador, Juan Manuel Cheppi, en solo dos semanas se produjeron más de 100 despidos en el sector pesquero de la ciudad, sumándose a otros 400 cesanteados en los últimos meses.
La crisis golpea especialmente a una de las actividades emblemáticas de la región: la pesca, históricamente generadora de valor agregado y empleo local. “Mar del Plata ya está mostrando las consecuencias de la motosierra de Milei”, sostuvo Cheppi, aludiendo a la política de recortes impulsada por el Ejecutivo nacional. La situación, explicó, no solo paraliza barcos que ya no salen a buscar langostinos y merluzas, sino que también desarma toda la cadena de valor asociada a la industria pesquera.
El panorama se agrava al considerar el derrumbe del turismo interno, que se vio resentido por la merma del consumo y la fuga de más de 600.000 argentinos hacia Brasil durante la última temporada de verano. Mar del Plata, tradicionalmente uno de los destinos más elegidos, acusa un impacto severo en su economía, profundizando un efecto dominó que arrastra comercios, servicios y puestos de trabajo.
La paradoja es clara: mientras el oficialismo proyecta optimismo con la idea de un “rebote en V”, el consumo no solo no repunta, sino que sigue en retroceso. Muchos comerciantes, según el edil marplatense, se vieron obligados a reducir personal o incluso cerrar definitivamente, ante un mercado interno cada vez más deprimido.
Por si fuera poco, Cheppi cuestionó la actitud del intendente Guillermo Montenegro, a quien acusó de estar más preocupado en consolidar su proyección política a nivel nacional que en gestionar herramientas para paliar la emergencia local. La falta de incentivos para reactivar la actividad pesquera, denunció, está condenando a centenares de familias al desempleo y a la incertidumbre.
Así, Mar del Plata se convierte en un espejo incómodo para el discurso de la prosperidad del Gobierno. Los despidos masivos, el turismo en caída y el comercio paralizado son signos de que, detrás de las planillas de Excel oficiales, hay una población real que ve achicarse sus oportunidades y su nivel de vida.
En definitiva, la promesa de crecimiento choca con la realidad de un territorio que ya no sabe cómo sostener su tejido productivo. La postal marplatense parece advertir que la supuesta recuperación no llega a los puertos, ni a las fábricas, ni a las familias, y que, sin medidas urgentes, la brecha entre los indicadores macro y la vida cotidiana seguirá agrandándose peligrosamente.
