18 de julio de 2026

Cierre del INTA AMBA: traslado compulsivo de más de 100 trabajadores anticipa el desguace del sistema público de investigación

La medida, que fue ejecutada entre el viernes y el sábado casi a contrarreloj, enciende luces de alarma sobre el futuro de los equipos de investigación, el impacto social de los proyectos y la amenaza de nuevos despidos.

El Gobierno nacional decidió este fin de semana avanzar con el cierre de la estación AMBA del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), ubicada en el conurbano bonaerense, y notificó de manera compulsiva el traslado de más de 100 trabajadores a otras estaciones experimentales.

La estación AMBA funcionaba desde 2010, articulando con comunidades vulnerables, escuelas y productores familiares para fortalecer la producción agroecológica y garantizar acceso a alimentos saludables. “Somos el INTA que repartió semillas en los barrios y enseñó de nuevo cómo se producía un alimento sano”, sintetizó Anahí Minvielle, investigadora del organismo, que difundió una carta abierta para visibilizar el daño de esta decisión.

Desde la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el delegado José Perea denunció que la decisión del cierre se tomó “a espaldas de los trabajadores y los sindicatos”, sin consulta ni diálogo previo. Aseguró además que el traslado masivo es solo el primer paso de un plan de desguace mayor, que contempla fusiones de institutos, creación de macrorregiones y la posible desvinculación de 1.500 empleados en toda la estructura del INTA.

La preocupación de fondo no se limita a la estabilidad laboral: también pone en riesgo el rol social que cumplía la estación del AMBA, clave en la transferencia de tecnología y el acompañamiento técnico a pequeños productores del conurbano, muchos de ellos dependientes de los programas de extensión y capacitación del instituto.

Mientras el Gobierno insiste en su relato de eficiencia y recorte del “Estado elefantiásico”, la realidad golpea en forma de traslados forzosos, incertidumbre y el vaciamiento de áreas estratégicas. El delegado de ATE lo resumió con crudeza: “Es como si mañana alguien te echara de tu casa, te vas al garage y después te mandan afuera”, advirtiendo que detrás de esta maniobra podría llegar el golpe definitivo: el despido masivo.

El caso del INTA AMBA refleja una paradoja dolorosa: mientras el país atraviesa una crisis alimentaria, el Estado cierra organismos que promueven la producción local de alimentos sanos y accesibles. Los trabajadores temen que esto sea solo la antesala de una ofensiva aún mayor sobre el sistema científico y tecnológico público, una pieza clave para sostener la soberanía productiva de la Argentina.

En definitiva, más allá de la fría aritmética del ajuste, el cierre del INTA AMBA anticipa un retroceso profundo en la capacidad del Estado de intervenir para mejorar la calidad de vida de millones de personas, poniendo en duda la promesa de modernización y progreso que enarbola el discurso oficial.

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